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viernes, 18 de abril de 2014

El manantial (fragmento)

Mario.- ¿Quieres que te ayude?
Carmen.- No, no, vuelve con tu mujer.
Mario.- ¡Carmen!
Carmen.- Mario, te espera tu esposa.
Mario.- Está reposando ¿Te ayudo con las verduras?
Carmen.- Regresa con ella.
Mario.- A ella la tendré toda la vida. A ti tan sólo hoy.
Carmen.- (Repite inconscientemente) Sólo hoy.
Mario.- ¿Te importa si fumo? Bueno, ¡qué te va a importar! Siempre fumaba en la cocina.
Carmen.- Haz lo que quieras.
Mario.- (Saca el tabaco de liar, duda) ¿Qué quieres que haga?
Carmen.- Saca la lechuga del frigorífico. Está en la bandeja de abajo.
Mario.- Ya tengo la lechuga ¿qué hago con ella?
Carmen.- Ponla sobre un plato.
Mario.- Nos casamos hace cuatro meses.  Quería que fueras la primera persona en saberlo, porque... porque siempre estuviste pendiente de mí.
Carmen.- Cenamos y os marcháis.
Mario.- Has hecho tanto, que siempre te estaré agradecido.
Carmen.- Mejor no hablamos de esto, ¿te importa?
Mario.- No creerías cuántas veces cogí el teléfono, pero nunca tuve el valor de llamar. No era algo que pudiera contarse a distancia. Después todo ocurrió deprisa. El niño...
Carmen.- ¿No querías tener un niño?
Mario.- ¡Nadie dice por teléfono: voy a ser padre!
Carmen.- Imagino que no.
Mario.- Entonces decidí venir, solo. Te lo juro ¡Solo! Matilde se empeñó. Quería conocerte, porque te admiraba a través de mis ojos. ¿Has oído? ¡Mi mujer te admira!

Carmen mira con tristeza a Mario. Matilde trata de escuchar.

Carmen.- La lechuga.
Mario.- ¿Qué quieres que haga con la lechuga?
Carmen.- Busca un cuchillo y la abres. Después le arrancas el corazón.

martes, 23 de octubre de 2012

-Y ahora ¿Qué?

Reposa sobre la mesa. Los pies cruzados, la mano izquierda sosteniendo una quijada de juguete. Piensa. Llevó a sus personajes, sólo tres, hasta el límite de la imaginación, y de pronto no sabe qué hacer con ellos.

-Vamos, que espero tus indicaciones.

El que le apremia vive sin rostro, sin labios, sin ropa, casi despellejado, limpio por lo desconocido. No pidió vivir, y esa vida que tiene, prestada, reducida a diez líneas, no aclara, sino emborrona su físico y sus ideas. Le parece el peor de los destinos.

-¿Avanzo?- pregunta- ¿O retrocedo?

Todo con tal de no quedarse ahí, en un lugar tan tímido en el esbozo, que puede ser pueblo, desierto, carretera o trigal. Huye. O al menos huía. Porque su creador, vacío, seca ya la simiente, lo abandona, encerrado entre algunas palabras que no reconoce como propias.

Pasan los días. El texto, olvidado, cae al suelo. Alguien lo pisa. El héroe intenta gritar, pero su enfado es mudo: no tiene lengua aquel que no tiene labios. Sus enemigos, parece, ya nunca le darán alcance, porque dormitan inertes, entre párrafos y maleza. Una mano los ahoga. A todos. Una mano que, como un vendaval, crea un círculo eterno, un mechón de indiferencia, y así caen, sepultados, mezclados, boca abajo, en la papelera del olvido.

viernes, 8 de julio de 2011

La Canción del Marinero

Marcho siempre a la deriva,
Viajo con rumbo extraviado,
En el corazón me guía
Un rayo de agua marina,
Un timón seco y quebrado.
Marcho siempre a la deriva
decidir es muy cansado.

Quise ser buen marinero
Porque el asfalto me aburre.
Quise ser buen marinero.
La paciencia me consume
Cuando no me lleva el viento.

Siempre he sido marinero
Con la barca en rebeldía,
Siempre he sido marinero
Desde el agua a la bahía
Desde la tierra hasta el cielo
Siempre he sido lo que quiero,
Sin el agua me aburría
En la mar todo lo tengo.

Quería atravesar los mares
Al verlos desde la playa,
Quería recorrer los mares
Pero los mares acaban
Y el recuerdo que me queda
Es el de espuma en el agua,
Es el de nubes y de algas.
Y es que el tiempo se consume
Pues navego hacia la nada.
Soñaba dejar las cumbres,
Tantos mares me rodeaban.

Luché, incansable, contra olas,
Contra vientos y mareas.
Siempre combatí las olas,
Y mi nave en las tormentas
Recortaba piedras, rocas.
Nunca pudieron las botas
doblegar su capitán
Y el miedo, que otros tendrán
Cuando inicien la faena,
Nunca torció mi certeza:
“Sé que el viento cambiará”.

El día que salí a la mar
El timón dejé en la tierra.
El día que salí a la mar
Arrojé al agua mis penas
A la tierra mis temores
Y fui lanzando canciones
Que hablaban de libertad.
El cielo ondeaba en la mar,
Sobre la tierra el adobe.
.

navegando a la deriva
Marcho siempre a la deriva
Es mi dirección la brisa
Y entre mi escaso equipaje
Llevo el brío de mi sangre
Mezclado con mi alegría.


Cuando la luna me espera
Con sus curvas entreabiertas
Siento que el agua me bate,
Y conteniendo la sangre
Me arrastro hasta la ribera,
Entonces la mar me apresa
Entonces me anima el aire.
Y el cielo, como de alambre,
Se tuerce de tal manera
Que mi piel, ya turbia y vieja
Florece y se vuelve carne.

Va mi voz como ceniza
Navegando a la deriva,
Con las manos entreabiertas
Siempre huyendo de la tierra
Viajando donde me llevan
Lámparas de agua y ventisca.
Y cada día a la deriva,
Siempre viajo a la deriva.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Reinhardt

El de las cuerdas de doble vida,
El de las luces contra su estampa,
El que atrapa con su sombría
Sombra ritmos, silencios, palabras...

El que navega entre seis nudos
Que son volcanes que arrastran agua,
Que ya son nubes, que escupen humo,
Que sólo arenas, que son montañas.

El que aprendió las artes del mago
En la carretera, en su caravana.
El que entre dedos clava su canto.

El que con rayos llama a la calma,
El que, en el nombre, se llama Django,
Y es su apellido una guitarra.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Autoestopista. Microrrelato

-¿Hacia dónde se dirige?- Me preguntó el autoestopista de pelo cano y voz nocturna.
-Hacia la montaña, tal vez la cumbre.
-Entonces tendré que bajarme- dijo apenado- siempre voy un poco más lejos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Entre "Nunca" y "Adiós".

Entre nubes te admiro,
Entre dunas te espero,
Entre ramas oculto
Con los ojos abiertos.

No quisiera ser más
Tu ignorado deseo,
Entre brumas y niebla
A tu ausencia me entrego.

Entre rabia y verdad,
Entre ruido y silencio,
Si tu nombre he oído
El color se va al suelo.

Entre “nunca” y “adiós”
Siempre queda un “te espero”.

sábado, 11 de septiembre de 2010

A Veces

Algunas veces me quieres
Mas cuando abro los ojos
Siempre te desvaneces.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Ya No.

(Aunque me hierva la sangre
Acariciando tu pelo
Somos dos seres tan opuestos
Que, dices, no cabe el amor)

Quería llegar a viejo
Contigo a mi lado,
Esperaba que tus ojos
Se fijasen siempre en mí,
Quería besar tu cuerpo
Para curarte el cansancio,
Quería un imposible,
Es lo que tiene el vivir.

Ahora, al fin, he comprendido
Que no bastan los sentimientos
Que cada nuevo día
Todo cambia en la vida,
Que somos tan distintos
Que no cabe entendimiento
Y digo mientras te olvido:
¡Caray, cuánto te quería!

Triste te escribo esto
Y tú lees y callas,
Recuerdo tu alegría,
Eso cuenta al final.
Antes de que, por pena,
Me digas que me amas
Prefiero tu silencio
¿de qué sirve hablar?

Ya no busco tu carne,
Ya no anhelo tus besos,
Ya no espero tus labios
Ni ansío su sabor.
Cuando pienso en tus ojos
Me pierdo en mil recuerdos
Por ti viví en sueños,
Por ti esta canción.

miércoles, 23 de junio de 2010

Deslumbrado. Microrrelato.

Aquello que le deslumbraba era el reflejo del sol sobre chapas de hojalata.

jueves, 13 de mayo de 2010

Dividido

Si yo pudiera ser dos personas
Uno cantaría bajo tu ventana
Con una guitarra flamenca
Canciones de amor imposibles,
Mientras que el otro, con rabia,
Maldeciría tu nombre, tu cuerpo,
Y todo aquello que me recordase
El tiempo en que te conocí.

martes, 20 de abril de 2010

Sin Voluntad

¿Cómo pudiste doblegarme así?
Sin voluntad ni voz, como un pelele,
cual muñeco de trapo en un guiñol,
que se mueve según quiere la mano.

Rasgado el corazón en mil jirones,
esparcidos, sin piedad, por el suelo.
Sin palabras, sin ideas, sin voz,
con el pensamiento tan perdido...

¿Con qué navaja rasgaste mis alas
para hacerme pensar que nada soy
si no es ante tu cuerpo y tus labios?

Quiero soltarme, volver a ser libre,
pero me siento, como el ave, a gusto,
feliz de permanecer en la jaula.

domingo, 21 de marzo de 2010

Colores

Eres la parte del mundo que buscaba.
Las letras de la frase que nunca pronuncié.
La melodía ajena. La hoja sin árbol.
El barro que forjó la hermosura.

He sentido tantas veces la belleza
del eco en flor de tu cadera de fuego,
de la campana de tu voz tan suave,
de las pedradas contra mi voluntad.

Estoy orgulloso de haber conocido
el vuelo de manos, el ruido de letras,
el cálido viajar de tus enormes ojos,
y el silencio taconeado de tu lengua de luna.

Desordeno las letras desde que no te veo.
Mas aún sostengo en los labios el pincel
que te daría colores que nunca has soñado
si un día quisieras moldear su forma.

lunes, 15 de febrero de 2010

¡Clavada!

Clavada, clavada,
como agua salada,
profunda en mi alma,
de tanto golpear.
aunque no lo quiera
tus ojos encierran
agua de ribera
camino del mar.

Clavada, clavada,
madera de estaca,
hundiste la balsa
de mi libertad.
Mis ojos te anhelan,
tenerte quisiera,
robó tu belleza
mi voluntad.