miércoles, 22 de junio de 2016

Al estilo Averchenko (y 2)

HILARIO.- Enseguida están las patatas. (Deja el agua sobre la mesa, y detrás una rosa) Bueno, verás, he pasado una buena tarde, es decir, te veía ahí, sentada, y me preguntaba si, en fin...

CARMEN.- ¿Sí?

HILARIO.- Si tú quisieras, porque todo es querer, porque... Porque si no quieres, claro está que es necesario que quieras, y si quieres...

CARMEN.- ¡Ah, entiendo!, podemos vernos otro día.

HILARIO.- Ah, estupendo, sí, eso era, eso es.

CARMEN.- Mándame un whatssap mañana, y lo hablamos.

HILARIO.- Sí, claro, pero... ¿a qué número?

CARMEN.- Sí, jajaja, has hecho bien en preguntarlo. Apunta, apunta.

HILARIO.- No necesito apuntarlo, tengo buena memoria.

CARMEN.- ¡Ah! Claro, como quieras, es el 666.66.54.26

HILARIO.- 666... jejeje, es muy sencillo 6 veces 6.

CARMEN.- No, 5.

HILARIO.- ¿5? ¿6 veces 5?

CARMEN.- No, no. 5 veces 6. Repito. 666.66.54.26

HILARIO.- 5 veces 6, correcto. 5 veces 6, 54, 26. No es difícil de retener. 54, 26.

CARMEN.- Que no se te olvide, ¿eh?

 HILARIO.- ¡Qué se me va a olvidar. Es muy sencillo. 64 y 26

CARMEN.- 64 no, 54.

HILARIO.- ¡Ah, sí! 54 y 26. La primera cifra es el doble que la segunda.

CARMEN.- ¡No, hombre no! 26 por 2 es 52, no 54.

HILARIO.- Tienes razón, jejeje. Qué bueno es tener recursos. Lo que voy a hacer es memorizar primero la segunda cifra, y a través de ella recordar la primera. Vamos a ver, la segunda era 34, ¿verdad?

CARMEN.- No, 26.

HILARIO.- Ah, sí, 26. Se trata de memorizarla. Vamos a ver... Sí, eso es, 26 es el número total de dedos que tenemos entre los dos, más 6. Bien, lo que no sé es cómo recordar el 6.

CARMEN.- El 6 es el 9 invertido.

HILARIO.- Oye, y si... ¿y si apuntas el número en el móvil?

CARMEN.- No merece la pena. Si esto es muy fácil. Supongamos que tienes en la cartera un billete de 20 euros, otro de 5, y un euro suelto... ¿cuánto tienes?

HILARIO.- Uff, mucho dinero. ¿cuántos años tienes?

CARMEN.- 32.

HILARIO.- 32. Luego 26 es tu edad menos 6. De nuevo sale el 6, que no hay forma de recordar.

CARMEN.- El 6 es el 9 invertido.

HILARIO.- Sí, pero el 9 es también el 6 invertido. Ya está. cinco dedos de una mano... ¡y el pulgar de la otra!

CARMEN.- ¿Mi edad, cinco dedos y un pulgar?

HILARIO.- Demasiado complejo. (Se sienta con ella) Escucha...

CARMEN.- (Se levanta) Acabo de recordar que tengo que coger un autobús...

HILARIO.- (Tras ella, con la rosa) 54-26. 5 y 4 suman 9.

CARMEN.- Sí. Y 2 y 6 suman 8.

HILARIO.- 9 y 8 suman 16.

CARMEN.- (Se detiene) No, suman 17.

HILARIO.- 17. (Le da la rosa) 17. 1 y 7 suman 8. 8... es decir, 5 y 3; o 4 y 4.

CARMEN.- Bueno, ¿qué coño me estás diciendo?

HILARIO.- No me pongas nervioso, que se me va el cálculo.

CARMEN.- Pero es que... que pierdo el autobús.

HILARIO.- A ver, de otra manera... ¿en qué año acabó la segunda guerra mundial?

CARMEN.- ¡Yo qué sé!

HILARIO.- En el 45,. 45 es 54 al revés, ya tenemos la primer cifra. Veamos la otra, humm ¿cuánto duró la guerra de los treinta años?

CARMEN.- 30, según creo.

HILARIO.- Muy bien. 30 menos 4 es 26. Es decir la segunda mitad del número es 30 menos 4, el cuatro es lo que no sé cómo recordar.

CARMEN.- Los gatos tienen cuatro patas, podría valer.

HILARIO.- Sí, pero yo no tengo gato.

CARMEN.- Oye, el bus... (desesperada, tira la rosa, y se va)

HILARIO.- Tal vez los dedos de una mano, o un pie, pero me sobra uno... ¡Ah, ya, ya está! Los 4 jinetes del apocalipsis, 4, seguro que esos no se me olvidan. Ya está arreglado: la segunda guerra mundial al revés y la guerra de los treinta años menos los cuatro jinetes del apocalipsis ¡no era tan difícil!

martes, 20 de octubre de 2015

La Extraña Vida de Álvaro Andréu (Fragmento)

Buscan en los libretos la escena del miércoles.


MANUEL.- Es una escena de amigos. Es decir: Clara, Dani y Emilio.
DOCTORA.- (A Clara) ¡Me tiene harta!
EMILIO.- De acuerdo.
MANUEL.- Bien. Supondremos que él se sentará en el sofá. Diana…
CLARA.- (a Diana) Es a ti.
DIANA.- ¿Sí?
MANUEL.- El miércoles os conoceréis.
DIANA.- De acuerdo. (A Clara) Me cuesta acostumbrarme al nombre.
CLARA.- Normal.
MANUEL.- Doctora. ¿Puede hacer de Álvaro?
DOCTORA.- Ya que he venido... ¿Me dais un texto?
MANUEL.- Tendréis que compartirlo. Emilio.
EMILIO.- ¿Sí?
MANUEL.- Hablaréis del proyecto.
DANIEL.- ¿Al fin van a hablar del proyecto?
EMILIO.- ¿Y qué tengo que decirle?
MANUEL.- Está en el libreto.
EMILIO.- Sí, claro.
MANUEL.- Comenzaremos por la página cinco.
DANIEL.- Pero la escena comienza en la dos.
MANUEL.- He dicho la cinco.
CLARA.- Por eso fallan las escenas en grupo. ¡Si nunca las ensayamos bien!
MANUEL.- ¿Habéis encontrado la página? Emilio, puedes empezar.
EMILIO.- (Leen) ¿Sigues con tu proyecto?
DOCTORA.- Sí.
EMILIO.- Estupendo. Porque con el talento que...
MANUEL.- (Interrumpe) chicos, por favor, leed el texto como si os importara.
EMILIO.- ¿No he leído bien?
CLARA.- No. Has dicho (Imita) porque con el talento...
MANUEL.- A ver, silencio. Aquí dirijo yo. Leemos de nuevo.
EMILIO.- ¿Sigues con tu proyecto?
DOCTORA.- Sí.
EMILIO.- Estupendo. Porque con el talento que tienes...
DOCTORA.- He avanzado un poco más.
EMILIO.- ¿Ah, sí? Cuéntame. Joder, cuéntame… (A Manuel) ¿No sería mejor, explícate?
MANUEL.- ¡Qué más da!
EMILIO.- Nunca digo la palabra cuéntame.
MANUEL.- Pues no la digas.
EMILIO.- ¿Ah, sí? Dime.
DOCTORA.- Mira. (Se levanta) Y ahora voy hacia la mesa ¿no?
MANUEL.- ¿Qué dice el texto?
DOCTORA.- ¡Y yo qué sé! (Lee) Que vaya hacia la mesa.
MANUEL.- Entonces ¿qué tienes que hacer?
DOCTORA.- Ir hacia la mesa.
DIANA.- Pero ¿por qué? ¿Cuál es su objetivo?
MANUEL.- Por eso no me gustan los profesionales.
DOCTORA.- (Se acerca a la mesa) Verás. Aún es un borrador, claro.
EMILIO.- Poco a poco.
MANUEL.- Con más énfasis.
EMILIO.- ¡Poco a poco!
MANUEL.- Eso está mejor. Seguid.
DOCTORA.- Pues observa. (Va a coger una libreta. Duda cuál coger)
MANUEL.- No toques nada, basta con que finjas que has cogido una.
DOCTORA.- ¿Qué te parece?
EMILIO.- ¿Qué me parece? ¿Preguntas qué me parece? ¡Es increíble!
DOCTORA.- Tiene fallos.
EMILIO.- Sí. Tiene algunos fallos. (A Manuel) ¿Tengo que...? ¿Tengo que corregirle los fallos?
MANUEL.- Para ganar tiempo. Así avanzará más deprisa.
EMILIO.- Sí, pero no es sencillo.
MANUEL.- Memorizarás las correcciones.
EMILIO.- Es mucho trabajo.
MANUEL.- Lo haces todas las semanas.
EMILIO.- Pero cada vez es más complicado. Necesito tiempo.
MANUEL.- Sí, eso es verdad. Esta tarde te la damos libre.
EMILIO.- Gracias.
MANUEL.- Eso provocará algunos cambios. Clara tendrá que entretenerle.
CLARA.- ¿Yo? Intentará sobarme.
MANUEL.- Por eso mismo.
CLARA.- ¡Eres un cerdo!
MANUEL.- Lo hago por Álvaro. Además...


Se enciende la lámpara y suena una alarma.


DANIEL.- ¡Joder! Otra interrupción.
MANUEL.- Menuda semana llevamos. Esto no es normal.
EMILIO.- Así no puedo concentrarme.


Comienzan a recoger a toda prisa. Todos se ocultan. Diana no entiende qué hacen. No sabe qué hacer y se esconde junto a la mesa de trabajo de Álvaro.

jueves, 19 de febrero de 2015

Al Estilo de Averchenko



HILARIO.- Buenos días.
CARMEN.- Buenos días. Una botella de agua, por favor.
HILARIO.- Agua.
CARMEN.- Del tiempo.
HILARIO.- Sí, se ha quedado un día excelente.
CARMEN.- No, no.
HILARIO.- Ah, no, por el contrario hace un mal día.
CARMEN.- Quiero decir que el agua, el agua, del tiempo.
HILARIO.- ¿Qué tiempo?
CARMEN.- Es decir, que no esté fría.
HILARIO.- Que no esté fría, humm, bien, agua caliente.
CARMEN.- No, caliente tampoco. Del tiem... Algo intermedio.
HILARIO.- Un agua intermedia, de acuerdo. ¿Algo para comer?
CARMEN.- Pues si me trae la carta.
HILARIO.- ¿Qué carta?
CARMEN.- La carta de precios.
HILARIO.- No tenemos carta de precios. Pero le puedo decir lo que tenemos. En realidad le puedo decir lo que tenemos y lo que no tenemos, es decir, creo que me estoy liando, pero no estoy seguro.
CARMEN.- ¿Y qué tienen?
HILARIO.- Pues tenemos, veamos, que estuve antes en la cocina... tenemos patatas, sí, tenemos patatas. Eso es. Patatas fritas, patatas salteadas, patatas guisadas, patatas con puerros, patatas sin puerros, patatas de puerro, puerros sin patatas, y hamburguesas.
CARMEN.- ¿Cómo son las hamburguesas?
HILARIO.- No las he visto. Pero por lo general suelen consistir en pan de hamburguesa, carne de hamburguesa, queso de hamburguesa, o de vaca, no, el queso es de vaca, y pan de hamburguesa. El pan ya lo dije, bueno, suelen ser dos piezas, una debajo y otra encima, y en medio la carne, y en medio el queso; es decir, el queso va por encima o por debajo de la carne, que a la mitad es imposible y... Y... ¡Ah, y patatas!
CARMEN.- ¿Qué tipo de patatas?
HILARIO.- Tenemos patatas fritas, patatas salteadas, guisadas, con puerros...
CARMEN.- ¿Qué tipo de patatas llevan las hamburguesas?
HILARIO.- Fritas.
CARMEN.- No, entonces no. Humm. Patatas guisadas ¿es posible?
HILARIO.- Es posible, es posible. En cinco minutos. (Sale. Después regresa) Perdón, quería patatas con puerros ¿no es así?
CARMEN.- No, no. Patatas guisadas. 
HILARIO.- ¿Guisadas? ¿Seguro?
CARMEN.- Seguro.
HILARIO.- Bien. Patatas sin puerros.
CARMEN.- Patatas guisadas ¡guisadas! ¿Por qué no lo apunta?
HILARIO.- No vale la pena. Tengo buena memoria. Enseguida le traigo las patatas. Nuestras patatas son excelentes, por algo nos llamamos "Don Patata".
CARMEN.- Estoy segura.
HILARIO.- Nuestras patatas fritas son como las de McDonalds, no le digo más.
CARMEN.- Sí, pero recuerde que le pedí guisadas...
HILARIO.- Guisadas, claro, guisadas, las guisadas no son como las de McDonalds, ¿dónde iba? ah, sí, patatas del McDonalds (Sale, y entra con una bandeja y unas patatas en cartón) Aquí están las patatas. Como le dije, son tan buenas como las del McDonalds.
CARMEN.- Guisadas.
HILARIO.- no, no, fritas.
CARMEN.- Las pedí guisadas.
HILARIO.- ¿Guisadas?
CARMEN.- Sí, guisadas.
HILARIO.- Pero usted dijo...
CARMEN.- Dije guisadas, dije guisadas.

HILARIO.- Patatas guisadas, claro, guisadas... (Sale. Entra rápido) Me va a perdonar. No nos quedan patatas.

martes, 23 de septiembre de 2014

El Orzuelo

-Así que es usted el redactor de este relato- preguntó, entregándome un folio impreso.
-Sí, soy yo.
-Y pretende que lo publiquemos.
-No. Es decir, sí. siempre que ustedes quieran, claro.
Se inclinó para observarme. Yo estaba muy nervioso.
-Lo he leído.
-Se lo agradezco- respondí.
-No es malo.
-¿Eso quiere decir que tampoco es bueno?
-¿Por qué me interrumpe?
-Perdón, perdón.
-Le digo que no es malo. Pero es impublicable.
-En ese caso...- me levanté.
-Pero ¿dónde va? Siéntese, joder.
-Me siento, me siento.
-Hay una frase que no me quito de la cabeza.
-¿Del... del artículo?
-Del artículo, claro, si no no se lo estaría explicando.
-Sí, claro.
-Está en la cuarta línea del segundo párrafo. ¿La encuentra?
-Estoy buscando.
-Aquí.
Señaló con el dedo una línea. Yo la leí en silencio. No encontré nada extraño. Pero no me atreví a contradecirle.
-¿Qué significa?- preguntó.
-¿El qué?
-Su frase: “Impávido como un orzuelo”.
-Ah, eso. Es una metáfora.
-Ya sé que es una metáfora. Yo mismo he escrito metáforas. Pero esta... Esta no se entiende.
-¿No se entiende?
-Blanco como la nieve-aclaró- también es una metáfora.
-Muy gastada.
-Muy gastada, pero se puede entender. “Impávido como un orzuelo” no se entiende.
-No se entiende- asumí.
-He buscado en el diccionario. Orzuelo tiene tres definiciones.
-Sí, sí.
-Pero supongo que se refiere a la primera de ellas.
-Creo que sí.
-Yo mismo- carraspeó- yo mismo tengo un orzuelo.
-Sí. Me había dado cuenta.
-¿Y qué?- Preguntó poniendo su orzuelo frente a mis ojos- ¿Le parece impávido?
Permanecí unos segundos inmóvil, tanto como su orzuelo, incapaz de una respuesta.

domingo, 14 de septiembre de 2014

El Pequeño Payaso

Había nacido payaso, un gran payaso, pero nadie se lo dijo. Así que pasó los años fingiendo una

dignidad que no poseía. Jamás medró: era incapaz de escupir, de levantarse encima de otro; de fingir

humanidad, pues la sentía. Un día, en una reunión sin importancia, dijo en voz alta:

-Definitivamente, no soy nadie.

Y todos estaban de acuerdo.

Porque nadie prestó atención a un hombre que no sabía levantar la voz, ni golpear con furia la mesa

para defender sus ideas. Cuando alguien le escuchaba, y eso ocurría pocas veces, no podía evitar una

sonrisa

-Serías un gran humorista- solía decirle.

-Siempre que tuviera talento para el humor.

Pronto sintió la soledad a sus espaldas. Veía el mundo como un campo de dolor, pero a nadie le

interesaba.

Una noche hizo una prueba de monologuista. Le dejaron un micrófono y subió a un pequeño

escenario.

-¿Saben por qué llevo un pañuelo en los ojos?- dijo- Porque me aterra mirar la realidad.

Nadie rió.

-¿Y saben por qué nunca tuve pareja? Por lo que se dice de los amantes: de ellos es el reino de los

celos.

No supo continuar. Nadie le miraba.

La última vez que le vi llevaba un sombrero de tela. Nos dimos un abrazo, breve, casi confuso. Quise

saber qué había sido de su vida.

-Nada. Trabajo en una tienda de paraguas. Cada vez se vende menos. Ya no hay tantos charcos como

antes.

-¿Y el humor?

-¿Qué quieres? Nadie entendió mis bromas. No merece la pena intentarlo.

Se alejo, arrastrando los zapatones, sumido en sus pensamientos.

domingo, 24 de agosto de 2014

El Único Testigo

-Sí, sí, sí. Escuchen. Yo, yo soy el único testigo. Yo lo vi todo, todo. ¿Con quién  hablo? Ah, ¿Radio Nacional de España? Estupendo. Sí, os escucho bastante. Bueno, de vez en cuando. Soy más de televisión, ¿sabe? Ah, sí, perdón. Claro. Ya le decía. Yo lo vi todo. Ya le expliqué a la policía, sí, ya le expliqué. Me han tomado los datos. Para declarar, claro. Soy el único testigo. Ha sido una desgracia ¡una desgracia! Se le veía tan joven, bueno, creo que se le veía joven. Soy miope ¿sabe usted? Y no pude verle bien la cara. Bueno, ni la cara ni el cuerpo. En realidad pudo ser una mujer, tampoco estoy seguro. Pero yo creo que era más hombre que mujer, me lo dice la intuición. y esa no se equivoca. Y luego el coche, más que coche camioneta, o tal vez un camión. No, un coche no fue, porque oí el claxon, y los coches no tienen ese claxon. Y encima en un paso de cebra, o al menos en una línea continua, sí, había una línea en el suelo... ¿oiga? ¿Por qué se marcha? ¿Oiga?

martes, 19 de agosto de 2014

Las Manos Rugosas

Hace una semana, mientras tecleaba en el ordenador, observé mis manos. Me pareció extraño no haberme dado cuenta de que están rugosas, y traté de recordar. Hace quince años, estoy seguro, tenía las manos firmes, juveniles, casi perfectas. ¿Qué ha podido ocurrir? ¿Será verdad que me estoy haciendo mayor? Eso me preocupa. Tal vez envejezco, aunque no sea consciente de ello. He decidido comprobarlo. Así que, desde el jueves, me he sentado con las manos sobre la mesa, a esperar. Por el momento, aclaro, no noto cambio alguno. Pero tal vez es pronto. Cuando lleve un mes o dos en esta postura sabré si las arrugas son casuales, o es que de verdad envejezco. Prometo informar de mis conclusiones. Si no me canso antes, que la espalda comienza a dolerme con más fuerza que hace quince años.