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martes, 19 de agosto de 2014
Las Manos Rugosas
Hace una semana, mientras tecleaba en el ordenador, observé mis manos. Me pareció extraño no haberme dado cuenta de que están rugosas, y traté de recordar. Hace quince años, estoy seguro, tenía las manos firmes, juveniles, casi perfectas. ¿Qué ha podido ocurrir? ¿Será verdad que me estoy haciendo mayor? Eso me preocupa. Tal vez envejezco, aunque no sea consciente de ello. He decidido comprobarlo. Así que, desde el jueves, me he sentado con las manos sobre la mesa, a esperar. Por el momento, aclaro, no noto cambio alguno. Pero tal vez es pronto. Cuando lleve un mes o dos en esta postura sabré si las arrugas son casuales, o es que de verdad envejezco. Prometo informar de mis conclusiones. Si no me canso antes, que la espalda comienza a dolerme con más fuerza que hace quince años.
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miércoles, 20 de abril de 2011
La Noia (Fragmento)
Sergio.- Observa este vaso, lo voy a colocar al borde de la mesa. Dentro de unos instantes lo lanzaré al suelo. Haré un esfuerzo, aun cuando no creo en dios, y le pediré que el vaso se rompa. Tú, que sí crees, le pedirás que el vaso quede intacto, para no tener que recoger los restos.
Rosa.- (Deja los libros) ¿Y eso qué prueba?
Sergio.- Tal vez, nada. Pero en el momento de caer, puesto que hemos pedido cosas opuestas, la divinidad sólo puede satisfacer a uno de los dos. Y será a ti, que eres creyente. Pero ¿y si el vaso se partiese, como deseo yo? ¿Sería posible que dios te ignorase e hiciese caso a un ateo?
Rosa.- La prueba es absurda. Desde esa altura el vaso se va a romper en pedazos. Es cuestión de física, no de fe.
Sergio.- Puede ser... En ese caso, seré yo el que pida que no se quiebre. ¿Te parece bien? (Rosa asiente) Voy a lanzar el vaso (lo coloca justo en el extremo de la mesa) Toda la metafísica del mundo está resumida en este acto. Si el vaso se rompe, como es lógico que ocurra, tú ganarás y, quién sabe, tal vez me convierta en sacerdote y vaya por el mundo cantando mis alabanzas al señor. Pero si no se rompe... entonces, dios se habría olvidado de ti, para darme a mí la razón, a aquel que le niega por encima de todas las cosas. Pero dios no haría eso, ¿no?, jamás ayudaría a un ateo. Por tanto, si gano, es que dios no existe. (según ha ido hablando ha rodeado la mesa y se encuentra inclinado ante Rosa, a la que coge de las manos)
Rosa.- Usted sólo habla. Desde que he llegado no ha hecho nada más que escupir palabras sin sentido. ¿No tiene otra cosa que hacer?
Sergio.- Pues no. Me gusta hablar. Aunque sea conmigo mismo. Te sorprendería saber toda la actividad que tiene mi cerebro.
Rosa.- Usted es... muy extraño.
Sergio.- ¿Raro? Tal vez. Mi vida está sometida al conocimiento. Todo lo que hago se podría resumir en dos palabras: necesito saber. Y el saber me consume.
Rosa.- ¿Y no es mejor vivir ignorándolo todo?
Sergio.- Tal vez, pero no puedo. Me dedico a inventar preguntas para poder cuestionarme las respuestas. Es entretenido, aunque a veces triste.
Rosa.- Como esta historia del vaso y dios.
Sergio.- ¿Por qué? (vuelve hacia la mesa, actúa como un payaso) No es triste. Aquí está el vaso, ahí el suelo, dios entre ambos, pues para eso decís que está en todas partes. El vaso debería romperse (lo empuja un poco más) pero tal vez no lo haga. La humanidad está pendiente de este instante (otro toque al vaso) aún no cae, parece que a dios no le gusta este juego, y no quiere ver su final. ¿Qué ocurriría si él lo levantase en el aire? ¿Qué opinas?
Rosa.- No lo hará.
Sergio.- ¿Y si lo hiciera? Eso sería un milagro. En ese caso yo debería andar a cuatro patas durante cuatro años, como penitencia. Veamos, que llega el momento... la respuesta es...
(Lanza el vaso, que cae y no se rompe. Rosa lo mira con angustia, después observa la cara de Sergio. Éste ríe abiertamente)
Sergio.- Venció el ateo.
Rosa.- (con rabia) Esto no prueba nada.
Rosa.- (Deja los libros) ¿Y eso qué prueba?
Sergio.- Tal vez, nada. Pero en el momento de caer, puesto que hemos pedido cosas opuestas, la divinidad sólo puede satisfacer a uno de los dos. Y será a ti, que eres creyente. Pero ¿y si el vaso se partiese, como deseo yo? ¿Sería posible que dios te ignorase e hiciese caso a un ateo?
Rosa.- La prueba es absurda. Desde esa altura el vaso se va a romper en pedazos. Es cuestión de física, no de fe.
Sergio.- Puede ser... En ese caso, seré yo el que pida que no se quiebre. ¿Te parece bien? (Rosa asiente) Voy a lanzar el vaso (lo coloca justo en el extremo de la mesa) Toda la metafísica del mundo está resumida en este acto. Si el vaso se rompe, como es lógico que ocurra, tú ganarás y, quién sabe, tal vez me convierta en sacerdote y vaya por el mundo cantando mis alabanzas al señor. Pero si no se rompe... entonces, dios se habría olvidado de ti, para darme a mí la razón, a aquel que le niega por encima de todas las cosas. Pero dios no haría eso, ¿no?, jamás ayudaría a un ateo. Por tanto, si gano, es que dios no existe. (según ha ido hablando ha rodeado la mesa y se encuentra inclinado ante Rosa, a la que coge de las manos)
Rosa.- Usted sólo habla. Desde que he llegado no ha hecho nada más que escupir palabras sin sentido. ¿No tiene otra cosa que hacer?
Sergio.- Pues no. Me gusta hablar. Aunque sea conmigo mismo. Te sorprendería saber toda la actividad que tiene mi cerebro.
Rosa.- Usted es... muy extraño.
Sergio.- ¿Raro? Tal vez. Mi vida está sometida al conocimiento. Todo lo que hago se podría resumir en dos palabras: necesito saber. Y el saber me consume.
Rosa.- ¿Y no es mejor vivir ignorándolo todo?
Sergio.- Tal vez, pero no puedo. Me dedico a inventar preguntas para poder cuestionarme las respuestas. Es entretenido, aunque a veces triste.
Rosa.- Como esta historia del vaso y dios.
Sergio.- ¿Por qué? (vuelve hacia la mesa, actúa como un payaso) No es triste. Aquí está el vaso, ahí el suelo, dios entre ambos, pues para eso decís que está en todas partes. El vaso debería romperse (lo empuja un poco más) pero tal vez no lo haga. La humanidad está pendiente de este instante (otro toque al vaso) aún no cae, parece que a dios no le gusta este juego, y no quiere ver su final. ¿Qué ocurriría si él lo levantase en el aire? ¿Qué opinas?
Rosa.- No lo hará.
Sergio.- ¿Y si lo hiciera? Eso sería un milagro. En ese caso yo debería andar a cuatro patas durante cuatro años, como penitencia. Veamos, que llega el momento... la respuesta es...
(Lanza el vaso, que cae y no se rompe. Rosa lo mira con angustia, después observa la cara de Sergio. Éste ríe abiertamente)
Sergio.- Venció el ateo.
Rosa.- (con rabia) Esto no prueba nada.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Reflejo de Luna (Pinedenca)
Bajo el reflejo de luna,
En lo oscuro, todo se oye,
El corazón se acelera:
La sangre bulle al galope,
Y aquel que puede se amarra,
Desesperado, a su consorte;
El que no, tan sólo intenta
Ignorar que le corrompe
La angustia de la oscuridad:
Teme lo que no conoce.
Bajo la luz de la luna,
En mitad de la noche,
El miedo nos sobrevuela
Y reposa entre los hombres.
Cerrad puertas y ventanas,
Callad, dejad las canciones.
Soñad que aún es de día,
Creed que aún tiene nombre
Ese objeto sin color
Que ennegreció en la noche.
Pero hay días sin luna,
Con el mundo entre tinieblas.
Y es mayor el temor,
El temblor y la tristeza.
Son días en que nadie sabe
Si acabará lo que empieza...
Y quien necesita dormir
Lo evita con impaciencia:
No quiere cerrar los ojos
Por si nunca más despierta.
lunes, 21 de junio de 2010
Al Otro Lado
No tuve valor para mirar el valle, ¡qué podía haber? Tal vez silencio o lucha, tal vez nada... excesiva metafísica para un hombre vulgar. Preferí observar este lado. Sé que no comprendo, pero si me asomara allá, si abriera las manos... ¡ya no sabría volver!
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lunes, 22 de febrero de 2010
Viajero
No soy el gigante de barro
que vive tumbado
debajo de un arbol,
mirando su hogar.
Soy sólo un viajero
que piensa en silencio
coplas de otros tiempos,
camino del mar.
que vive tumbado
debajo de un arbol,
mirando su hogar.
Soy sólo un viajero
que piensa en silencio
coplas de otros tiempos,
camino del mar.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
¡Felicidades, Pilar!
Tú, que antes que yo
Todo lo has vivido
Y sabes que siempre
Hay esperanza
Y tienes en la piel
Trozos de sueños
Que, perversa, la vida
Rasgó en tu alma.
Tú, que bien sabes
Que las sombras
Cada momento se
Vuelven más claras
Que no hay dolor
Que dos años dure
Ni sueño que
Llegue a la mañana.
Tú, que siempre
Buscaste el futuro
Y éste te llevó
A pensar en Gambia
Supiste darme
En sólo unos días
Cariño, ternura,
Consuelo y calma.
Todo lo has vivido
Y sabes que siempre
Hay esperanza
Y tienes en la piel
Trozos de sueños
Que, perversa, la vida
Rasgó en tu alma.
Tú, que bien sabes
Que las sombras
Cada momento se
Vuelven más claras
Que no hay dolor
Que dos años dure
Ni sueño que
Llegue a la mañana.
Tú, que siempre
Buscaste el futuro
Y éste te llevó
A pensar en Gambia
Supiste darme
En sólo unos días
Cariño, ternura,
Consuelo y calma.
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