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martes, 5 de febrero de 2013
Para el Perro (Microrrelato)
Con la boca amortajada de vino recogió del aire un poema nuevo. Lo pesó, lo levantó sobre su cabeza, lo aplastó contra el vientre, hasta hacerlo plano, y lo devoró, para vomitarlo en curvas sinusoides sobre líneas rectas. Había nacido la obra. Pero solo, olvidado, en una vejez de sueños que lo mutilaba, no tuvo a quién dar a leer, sino su perro, tan fiel, desordenado y precioso. Leyó su pañuelo de letras mientras el perro cosía el aire a puntadas de cola y babas. Las palabras caían sobre el hocico, y allí resbalaban hasta la lengua, que las chupaba. Dos lametones postreros, en ambas manos, confirmaron que, en efecto, el poema era bueno.
domingo, 16 de octubre de 2011
Las Muchachas de Avignon
Esta noche, solitario,
Despierto, en mi habitación,
He soñado con Picasso,
He tenido una visión:
No me hacían ningún caso
Las muchachas de Avignon.
La primera, enojada,
No mostró ni compasión.
Puso cara avinagrada
Y sin dar conversación
Ni merecí su mirada
Ni me mostró atención.
La segunda, al contrario,
Me observaba con fijeza.
“Estás gordo” resumió,
y añadió, “por pereza”.
“Esa barba tan poblada,
tan densa, rígida y negra,
no me gusta”. “Pues lo siento,
no soy de otra manera”.
Y la dama, asombrada,
Levantó entrambas cejas.
La tercera afirmó
Que no le agradaba el arte
Pues era excusa de vagos,
Pretexto de maleantes.
Era inútil convencerla,
De poco sirvió hablarle,
Pues estaba convencida
De que yo era un tunante.
“A otra con ese hueso- gritó-
y camina hacia otra parte”.
La cuarta muchacha, orgullosa,
segura de ser hermosa,
Pero también de ser sabia
Me dijo: “Vamos, mueve esa labia.
Si me conquistas mis besos
Te llevarán a la locura.
¡Anda, trata de colocarte
verbalmente a mi altura!”.
Yo recité mil palabras,
Suavemente, una a una,
Intentaba que mis versos
Fuesen como el agua pura.
“No es suficiente- me dijo-.
Sufrirás, no tengo dudas”.
La quinta me daba miedo
Con su expresión de enojo
Mientras guiaba sus ojos
Por mi barba y por mis cejas.
“Moisés- dijo- ¿por qué no dejas
que bese tu cara suave?”.
Y yo, asustado y amable,
Ante el terror de sus labios
No quise hacerle un agravio
Pero tampoco acercarme.
Fingí que miraba la hora
Y mostré mi desaliento.
“No sabe cuánto lo siento,
siempre despierto a la aurora,
tal vez en otro momento...”.
Abrí los ojos, y ahora
¡Les juro que me arrepiento!
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belleza,
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imaginación,
Picasso
viernes, 8 de julio de 2011
La Canción del Marinero
Marcho siempre a la deriva,
Viajo con rumbo extraviado,
En el corazón me guía
Un rayo de agua marina,
Un timón seco y quebrado.
Marcho siempre a la deriva
decidir es muy cansado.
Quise ser buen marinero
Porque el asfalto me aburre.
Quise ser buen marinero.
La paciencia me consume
Cuando no me lleva el viento.
Siempre he sido marinero
Con la barca en rebeldía,
Siempre he sido marinero
Desde el agua a la bahía
Desde la tierra hasta el cielo
Siempre he sido lo que quiero,
Sin el agua me aburría
En la mar todo lo tengo.
Quería atravesar los mares
Al verlos desde la playa,
Quería recorrer los mares
Pero los mares acaban
Y el recuerdo que me queda
Es el de espuma en el agua,
Es el de nubes y de algas.
Y es que el tiempo se consume
Pues navego hacia la nada.
Soñaba dejar las cumbres,
Tantos mares me rodeaban.
Luché, incansable, contra olas,
Contra vientos y mareas.
Siempre combatí las olas,
Y mi nave en las tormentas
Recortaba piedras, rocas.
Nunca pudieron las botas
doblegar su capitán
Y el miedo, que otros tendrán
Cuando inicien la faena,
Nunca torció mi certeza:
“Sé que el viento cambiará”.
El día que salí a la mar
El timón dejé en la tierra.
El día que salí a la mar
Arrojé al agua mis penas
A la tierra mis temores
Y fui lanzando canciones
Que hablaban de libertad.
El cielo ondeaba en la mar,
Sobre la tierra el adobe.
.
navegando a la deriva
Marcho siempre a la deriva
Es mi dirección la brisa
Y entre mi escaso equipaje
Llevo el brío de mi sangre
Mezclado con mi alegría.
Cuando la luna me espera
Con sus curvas entreabiertas
Siento que el agua me bate,
Y conteniendo la sangre
Me arrastro hasta la ribera,
Entonces la mar me apresa
Entonces me anima el aire.
Y el cielo, como de alambre,
Se tuerce de tal manera
Que mi piel, ya turbia y vieja
Florece y se vuelve carne.
Va mi voz como ceniza
Navegando a la deriva,
Con las manos entreabiertas
Siempre huyendo de la tierra
Viajando donde me llevan
Lámparas de agua y ventisca.
Y cada día a la deriva,
Siempre viajo a la deriva.
Viajo con rumbo extraviado,
En el corazón me guía
Un rayo de agua marina,
Un timón seco y quebrado.
Marcho siempre a la deriva
decidir es muy cansado.
Quise ser buen marinero
Porque el asfalto me aburre.
Quise ser buen marinero.
La paciencia me consume
Cuando no me lleva el viento.
Siempre he sido marinero
Con la barca en rebeldía,
Siempre he sido marinero
Desde el agua a la bahía
Desde la tierra hasta el cielo
Siempre he sido lo que quiero,
Sin el agua me aburría
En la mar todo lo tengo.
Quería atravesar los mares
Al verlos desde la playa,
Quería recorrer los mares
Pero los mares acaban
Y el recuerdo que me queda
Es el de espuma en el agua,
Es el de nubes y de algas.
Y es que el tiempo se consume
Pues navego hacia la nada.
Soñaba dejar las cumbres,
Tantos mares me rodeaban.
Luché, incansable, contra olas,
Contra vientos y mareas.
Siempre combatí las olas,
Y mi nave en las tormentas
Recortaba piedras, rocas.
Nunca pudieron las botas
doblegar su capitán
Y el miedo, que otros tendrán
Cuando inicien la faena,
Nunca torció mi certeza:
“Sé que el viento cambiará”.
El día que salí a la mar
El timón dejé en la tierra.
El día que salí a la mar
Arrojé al agua mis penas
A la tierra mis temores
Y fui lanzando canciones
Que hablaban de libertad.
El cielo ondeaba en la mar,
Sobre la tierra el adobe.
.
navegando a la deriva
Marcho siempre a la deriva
Es mi dirección la brisa
Y entre mi escaso equipaje
Llevo el brío de mi sangre
Mezclado con mi alegría.
Cuando la luna me espera
Con sus curvas entreabiertas
Siento que el agua me bate,
Y conteniendo la sangre
Me arrastro hasta la ribera,
Entonces la mar me apresa
Entonces me anima el aire.
Y el cielo, como de alambre,
Se tuerce de tal manera
Que mi piel, ya turbia y vieja
Florece y se vuelve carne.
Va mi voz como ceniza
Navegando a la deriva,
Con las manos entreabiertas
Siempre huyendo de la tierra
Viajando donde me llevan
Lámparas de agua y ventisca.
Y cada día a la deriva,
Siempre viajo a la deriva.
miércoles, 26 de enero de 2011
Desde sus Ojos. Soneto.
El mundo brillando desde sus ojos
Hasta la cuenca de sus ojos, mira
Buscando soluciones al enigma
Que aparte las cenizas de su rostro.
Lleva en su rabia colores sonoros,
Medita, ruge, y mastica saliva.
Mientras la muerte, en él, recobra vida
Encuentra belleza hasta en lo hosco.
Humilde y recio, como un campesino;
Salvaje en su mirar, ya derrumbado;
Los brazos aún quisieran ser el viento.
Morir fue voluntad, nunca es lo mismo
Caer por convicción que por cansancio;
Dejando que la voz replique en eco.
Hasta la cuenca de sus ojos, mira
Buscando soluciones al enigma
Que aparte las cenizas de su rostro.
Lleva en su rabia colores sonoros,
Medita, ruge, y mastica saliva.
Mientras la muerte, en él, recobra vida
Encuentra belleza hasta en lo hosco.
Humilde y recio, como un campesino;
Salvaje en su mirar, ya derrumbado;
Los brazos aún quisieran ser el viento.
Morir fue voluntad, nunca es lo mismo
Caer por convicción que por cansancio;
Dejando que la voz replique en eco.
martes, 11 de enero de 2011
Un Tronco
Un tronco quebrado, podrido, hueco.
Refugio de la noche.
Llueven contra su carne
Gotas azules de odio,
Pedradas finas, ramadas de ausencia,
Hojas secas, pequeñas,
Con filo para serrar la corona.
Un caldo en la base se enciende, bulle,
Y arranca la semilla
Que se aferra, orgullosa, a las paredes.
Como un magma constante
Condensa, forma, sangra,
Derrota con furia las resistencias,
Para dejar la rabia.
Y la corteza
Con ansia de luz busca el cielo.
La rama, sola, crece hacia los rayos
Mientras que la raíz
Se alarga, cruje y quiebra,
Hasta que, ya vencida,
Separada, ciega, asume el color
Del fuego en la resina.
Refugio de la noche.
Llueven contra su carne
Gotas azules de odio,
Pedradas finas, ramadas de ausencia,
Hojas secas, pequeñas,
Con filo para serrar la corona.
Un caldo en la base se enciende, bulle,
Y arranca la semilla
Que se aferra, orgullosa, a las paredes.
Como un magma constante
Condensa, forma, sangra,
Derrota con furia las resistencias,
Para dejar la rabia.
Y la corteza
Con ansia de luz busca el cielo.
La rama, sola, crece hacia los rayos
Mientras que la raíz
Se alarga, cruje y quiebra,
Hasta que, ya vencida,
Separada, ciega, asume el color
Del fuego en la resina.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Reinhardt
El de las cuerdas de doble vida,
El de las luces contra su estampa,
El que atrapa con su sombría
Sombra ritmos, silencios, palabras...
El que navega entre seis nudos
Que son volcanes que arrastran agua,
Que ya son nubes, que escupen humo,
Que sólo arenas, que son montañas.
El que aprendió las artes del mago
En la carretera, en su caravana.
El que entre dedos clava su canto.
El que con rayos llama a la calma,
El que, en el nombre, se llama Django,
Y es su apellido una guitarra.
El de las luces contra su estampa,
El que atrapa con su sombría
Sombra ritmos, silencios, palabras...
El que navega entre seis nudos
Que son volcanes que arrastran agua,
Que ya son nubes, que escupen humo,
Que sólo arenas, que son montañas.
El que aprendió las artes del mago
En la carretera, en su caravana.
El que entre dedos clava su canto.
El que con rayos llama a la calma,
El que, en el nombre, se llama Django,
Y es su apellido una guitarra.
domingo, 24 de octubre de 2010
La Llama
-Derramé sobre ella agua, vino, arena y barro. Pero la llama, aunque tenue, aún sigue encendida, dejando una nubecilla de amor y un aroma de indiferencia.
-¿Y por qué no se apaga?
-Tal vez deba lucir por toda la eternidad- declaré con un suspiro.
-¿Y por qué no se apaga?
-Tal vez deba lucir por toda la eternidad- declaré con un suspiro.
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jueves, 30 de septiembre de 2010
Pilar y Velázquez (Fragmento)
- Por eso le preguntaba si puede seguir pintando.
- Sí, claro que puedo. Es mi forma de expresión.
- Verá... he venido desde Barcelona para buscarle, porque quiero que me...
- Diga, diga.
- Que me pinte un retrato.
Velázquez se sintió halagado, aunque no quiso admitirlo.
- Para ese tipo de cosas es mejor Goya. Todo un especialista en retratos. Recuerde las majas. Eso sí, pídale que le pinte vestida, porque desnuda...- comenzó a reír- quizá no salga usted muy favorecida.
Pilar enrojeció. Golpeó cariñosamente al pintor y protestó con suavidad.
- ¡Oh, no, no! No lo digo por su belleza. Salta a la vista que es una mujer preciosa. Me refería al arte de don Francisco, que, en fin, los desnudos no son su especialidad...
- No quiero que me pinte Goya- protestó Pilar.- Me gustan sus pinturas, pero no tanto ser representada por el aire junto a una montaña, ni enterrada en arena, o en alguna de sus terroríficas visiones. Mi ideal sería un retrato como tu Venus del Espejo. O, mejor aún, aunque no me atrevo a decirlo: como una de las Meninas.
Velázquez rompió a reír. Su risa, tan pétrea, retumbaba en todas las salas del museo. Un vigilante acudió para mandarle callar.
- ¿Una menina? ¿Quiere que la pinte como una menina? ¿y por qué?
- Me fascina esa obra.
- ¡Ah! No como a una menina, sino como un personaje del cuadro que pinté a la princesa Margarita. Pero yo no suelo repetir mis obras. Tendría que pintarla de otra manera distinta.
- No importa. No, en absoluto. Pínteme como desee. En mi casa tengo dos lienzos dispuestos, sólo falta que usted decida las mezclas de pintura.
Velázquez dudó. Se levantó y paseó de un lado a otro de la sala, siempre mirando a Pilar desde todos los ángulos posibles. Ésta, entusiasmada, se giraba a uno u otro lado según él se lo pedía. Mientras la observaba, el pintor movía las manos en el aire, buscando las formas que quería obtener. De vez en cuando negaba con la cabeza, irritado, porque no conseguía la posición idónea. Entonces cerraba los ojos, se desesperaba, y al abrirlos de nuevo veía a su modelo de una manera distinta. Pasaron más de quince minutos, hasta que, derrumbado e incapaz de ver la forma de su futura obra, se dio un cabezazo contra la pared del fondo, lo que produjo que de la cabeza se le desprendiese un trozo en forma de arenilla.
Pilar, conmovida, acudió a él y le consoló como pudo.
- No pasa nada- le dijo- es el primer intento.
- Sí, claro que puedo. Es mi forma de expresión.
- Verá... he venido desde Barcelona para buscarle, porque quiero que me...
- Diga, diga.
- Que me pinte un retrato.
Velázquez se sintió halagado, aunque no quiso admitirlo.
- Para ese tipo de cosas es mejor Goya. Todo un especialista en retratos. Recuerde las majas. Eso sí, pídale que le pinte vestida, porque desnuda...- comenzó a reír- quizá no salga usted muy favorecida.
Pilar enrojeció. Golpeó cariñosamente al pintor y protestó con suavidad.
- ¡Oh, no, no! No lo digo por su belleza. Salta a la vista que es una mujer preciosa. Me refería al arte de don Francisco, que, en fin, los desnudos no son su especialidad...
- No quiero que me pinte Goya- protestó Pilar.- Me gustan sus pinturas, pero no tanto ser representada por el aire junto a una montaña, ni enterrada en arena, o en alguna de sus terroríficas visiones. Mi ideal sería un retrato como tu Venus del Espejo. O, mejor aún, aunque no me atrevo a decirlo: como una de las Meninas.
Velázquez rompió a reír. Su risa, tan pétrea, retumbaba en todas las salas del museo. Un vigilante acudió para mandarle callar.
- ¿Una menina? ¿Quiere que la pinte como una menina? ¿y por qué?
- Me fascina esa obra.
- ¡Ah! No como a una menina, sino como un personaje del cuadro que pinté a la princesa Margarita. Pero yo no suelo repetir mis obras. Tendría que pintarla de otra manera distinta.
- No importa. No, en absoluto. Pínteme como desee. En mi casa tengo dos lienzos dispuestos, sólo falta que usted decida las mezclas de pintura.
Velázquez dudó. Se levantó y paseó de un lado a otro de la sala, siempre mirando a Pilar desde todos los ángulos posibles. Ésta, entusiasmada, se giraba a uno u otro lado según él se lo pedía. Mientras la observaba, el pintor movía las manos en el aire, buscando las formas que quería obtener. De vez en cuando negaba con la cabeza, irritado, porque no conseguía la posición idónea. Entonces cerraba los ojos, se desesperaba, y al abrirlos de nuevo veía a su modelo de una manera distinta. Pasaron más de quince minutos, hasta que, derrumbado e incapaz de ver la forma de su futura obra, se dio un cabezazo contra la pared del fondo, lo que produjo que de la cabeza se le desprendiese un trozo en forma de arenilla.
Pilar, conmovida, acudió a él y le consoló como pudo.
- No pasa nada- le dijo- es el primer intento.
lunes, 16 de agosto de 2010
Slapstick (fragmento)
- ¡Despierta, Harold! Nos están esperando. Hay que pagar.
Frente a mí, serio, un camarero con la cuenta en la mano. Busqué en el abrigo pero no encontré la cartera. Afortunadamente estaba en el bolsillo del pantalón.
- Abrázame, mi feo Harold. ¿Sabes? Hoy he pasado una noche maravillosa contigo. Me gusta reírme. Las arrugas de la cara se hacen hermosas con una buena carcajada. Y reímos menos de lo que deberíamos. ¿En qué piensas?
- En lo negra que es la noche para los solitarios.
- ¿Qué te importa? Tú no lo eres.
- Cuando estás solo y ves todas estas luces, y a la gente disfrutando en grupo, como manadas... debe de ser difícil.
- Eso que dices, ¿sabes?, es absurdo.
- Hoy te tengo a mi lado. Sujeto tu cuerpo y el mío se estremece. Otras veces camino sin más compañía que mi sombra. Y ésta se oculta en la noche.
- No digas más tonterías, y bésame.
Seguía sin tener sabor, pero era tan hermosa que no la solté hasta llegar a su casa.
- ¿Me traes aquí?- dijo ofendida.
- ¿Dónde quieres que te lleve?
Marchamos hacia la mía. Yo alquilaba una habitación en un edificio pequeño, de tan sólo cuatro viviendas. El dueño, al verme entrar acompañado, agachó la cabeza. No le gustaba que sus inquilinos llevaran visitas. Pero el contrato no decía nada en contra, así que entré con todo derecho en mi habitación, y comencé a desnudar a mi chica.
- Para, para, que me haces daño- gritaba ella mientras trataba de arrancarle el sujetador a mordiscos.
Cuando al fin logré desvestirla, comenzamos a escuchar un ruido extraño. Ocupado en besar a Cynthia, no le di importancia. Pero el ruido era cada vez más fuerte.
- ¿Qué es lo que ocurre?
- No lo sé, por lo general este es un sitio tranquilo.
Nos quedamos en silencio, tratando de averiguar de dónde venía el ruido. No era difícil de adivinar. El dueño, incómodo con nuestra actitud, se paseaba por el pasillo, arrastrando cuanto podía las zapatillas. Además, en algunos momentos, carraspeaba, probablemente siempre que pasaba por delante de la puerta.
Seguí besando, hasta que el ruido se hizo insoportable. Tenía entre mis brazos a la mujer que amaba, y aquel imbécil estaba destrozando el momento que había esperado durante tantos meses.
Me levanté, me puse la camisa y abrí la puerta.
- ¿Qué vas a hacer?- gritó Cynthia.
Sentía tanta furia que, al encontrar al dueño junto a la puerta, le di tal puñetazo en la cara que cayó de espaldas. Otro de los inquilinos, un tal Lars, salió al escuchar el ruido. Me miró con sorpresa, y trató de levantar al caído.
- ¿Qué ha ocurrido?
- Un accidente- respondí.
Debía tener un aspecto absurdo: desnudo, con una camisa mal abotonada y el pelo desordenado.
- ¿Se ha caído?
- Como una pieza de dominó.
Cynthia ayudó al otro inquilino a colocar al dueño en un sofá, mientras yo me vestía. Cuando salí de la habitación, ella estaba explicando lo que había ocurrido.
- Harold tenía sed. Ha abierto la puerta y se ha encontrado de frente con este hombre. Estaba pálido. Ni siquiera ha dicho nada, simplemente se ha desvanecido.
Tenía una cara tan hermosa, y sabía fingir tan bien la sinceridad, que, de no ser porque era yo el que había tumbado al dueño, la hubiera creído. Lars, que no sabía tanto, propuso buscar un médico. Mientras Cynthia le distraía, recogí de la habitación los pocos objetos que poseía, y los guardaba en mi maleta. Antes de que Lars desconfiase de mí, llamé a Cynthia para decirle que se dejaba su maleta. Salí con ella y dije:
- Los tres estamos de acuerdo en que no podemos dejar así a este hombre. Propongo que salgamos en busca de un médico.
- No podemos dejarle solo- dijo Lars.
- Es cierto- respondí, y me senté sobre la maleta.
Lars se quedó pensativo. Miraba al suelo y a Cynthia, una y otra vez, sin decir nada.
- ¿Qué podemos hacer?- dije yo.
Lars ya sólo miraba a Cynthia, y sonreía.
- Uno debería irse con la muchacha, y buscar un médico- propuso al fin-. Iré yo mismo.
Cynthia se echó a reír. Yo preparé el puño, pero consideré que no era necesario repetir la hazaña. Así que me limité a explicar la situación.
- La señorita es mi novia. Supongo que prefiere que sea yo el que la acompañe.
Lars miró de nuevo Cynthia. Ésta, por hacerme rabiar, levantó los hombros con indiferencia. Después me guiñó un ojo. Estaba tan atractiva que no pude evitar acercarme a ella y besarla largamente en los labios.
-De acuerdo- respondió Lars, que ya no necesitaba ver más para comprender que había perdido su oportunidad-. Vayan ustedes en busca del médico.
Cogí la maleta y salimos de allí.
Frente a mí, serio, un camarero con la cuenta en la mano. Busqué en el abrigo pero no encontré la cartera. Afortunadamente estaba en el bolsillo del pantalón.
- Abrázame, mi feo Harold. ¿Sabes? Hoy he pasado una noche maravillosa contigo. Me gusta reírme. Las arrugas de la cara se hacen hermosas con una buena carcajada. Y reímos menos de lo que deberíamos. ¿En qué piensas?
- En lo negra que es la noche para los solitarios.
- ¿Qué te importa? Tú no lo eres.
- Cuando estás solo y ves todas estas luces, y a la gente disfrutando en grupo, como manadas... debe de ser difícil.
- Eso que dices, ¿sabes?, es absurdo.
- Hoy te tengo a mi lado. Sujeto tu cuerpo y el mío se estremece. Otras veces camino sin más compañía que mi sombra. Y ésta se oculta en la noche.
- No digas más tonterías, y bésame.
Seguía sin tener sabor, pero era tan hermosa que no la solté hasta llegar a su casa.
- ¿Me traes aquí?- dijo ofendida.
- ¿Dónde quieres que te lleve?
Marchamos hacia la mía. Yo alquilaba una habitación en un edificio pequeño, de tan sólo cuatro viviendas. El dueño, al verme entrar acompañado, agachó la cabeza. No le gustaba que sus inquilinos llevaran visitas. Pero el contrato no decía nada en contra, así que entré con todo derecho en mi habitación, y comencé a desnudar a mi chica.
- Para, para, que me haces daño- gritaba ella mientras trataba de arrancarle el sujetador a mordiscos.
Cuando al fin logré desvestirla, comenzamos a escuchar un ruido extraño. Ocupado en besar a Cynthia, no le di importancia. Pero el ruido era cada vez más fuerte.
- ¿Qué es lo que ocurre?
- No lo sé, por lo general este es un sitio tranquilo.
Nos quedamos en silencio, tratando de averiguar de dónde venía el ruido. No era difícil de adivinar. El dueño, incómodo con nuestra actitud, se paseaba por el pasillo, arrastrando cuanto podía las zapatillas. Además, en algunos momentos, carraspeaba, probablemente siempre que pasaba por delante de la puerta.
Seguí besando, hasta que el ruido se hizo insoportable. Tenía entre mis brazos a la mujer que amaba, y aquel imbécil estaba destrozando el momento que había esperado durante tantos meses.
Me levanté, me puse la camisa y abrí la puerta.
- ¿Qué vas a hacer?- gritó Cynthia.
Sentía tanta furia que, al encontrar al dueño junto a la puerta, le di tal puñetazo en la cara que cayó de espaldas. Otro de los inquilinos, un tal Lars, salió al escuchar el ruido. Me miró con sorpresa, y trató de levantar al caído.
- ¿Qué ha ocurrido?
- Un accidente- respondí.
Debía tener un aspecto absurdo: desnudo, con una camisa mal abotonada y el pelo desordenado.
- ¿Se ha caído?
- Como una pieza de dominó.
Cynthia ayudó al otro inquilino a colocar al dueño en un sofá, mientras yo me vestía. Cuando salí de la habitación, ella estaba explicando lo que había ocurrido.
- Harold tenía sed. Ha abierto la puerta y se ha encontrado de frente con este hombre. Estaba pálido. Ni siquiera ha dicho nada, simplemente se ha desvanecido.
Tenía una cara tan hermosa, y sabía fingir tan bien la sinceridad, que, de no ser porque era yo el que había tumbado al dueño, la hubiera creído. Lars, que no sabía tanto, propuso buscar un médico. Mientras Cynthia le distraía, recogí de la habitación los pocos objetos que poseía, y los guardaba en mi maleta. Antes de que Lars desconfiase de mí, llamé a Cynthia para decirle que se dejaba su maleta. Salí con ella y dije:
- Los tres estamos de acuerdo en que no podemos dejar así a este hombre. Propongo que salgamos en busca de un médico.
- No podemos dejarle solo- dijo Lars.
- Es cierto- respondí, y me senté sobre la maleta.
Lars se quedó pensativo. Miraba al suelo y a Cynthia, una y otra vez, sin decir nada.
- ¿Qué podemos hacer?- dije yo.
Lars ya sólo miraba a Cynthia, y sonreía.
- Uno debería irse con la muchacha, y buscar un médico- propuso al fin-. Iré yo mismo.
Cynthia se echó a reír. Yo preparé el puño, pero consideré que no era necesario repetir la hazaña. Así que me limité a explicar la situación.
- La señorita es mi novia. Supongo que prefiere que sea yo el que la acompañe.
Lars miró de nuevo Cynthia. Ésta, por hacerme rabiar, levantó los hombros con indiferencia. Después me guiñó un ojo. Estaba tan atractiva que no pude evitar acercarme a ella y besarla largamente en los labios.
-De acuerdo- respondió Lars, que ya no necesitaba ver más para comprender que había perdido su oportunidad-. Vayan ustedes en busca del médico.
Cogí la maleta y salimos de allí.
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miércoles, 23 de junio de 2010
Deslumbrado. Microrrelato.
Aquello que le deslumbraba era el reflejo del sol sobre chapas de hojalata.
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jueves, 15 de abril de 2010
Sueño y Realidad
Anoche te vi entre mis brazos,
me dabas sonrisas y besos,
caricias que tanto he buscado,
amor teñido en silencio.
Hoy, despierto, te he visto,
tus ojos mataron mi piel.
Tus labios, que nunca consigo,
hirieron mi boca de sed.
Palabras dijimos, sencillas.
Miradas de oculto furor.
Te quiero, pasan los días,
y siempre alejados los dos.
He sentido en ti el fuego
callado, por miedo a expresar.
Al separarnos, tu cuerpo
forjaba mi soledad.
me dabas sonrisas y besos,
caricias que tanto he buscado,
amor teñido en silencio.
Hoy, despierto, te he visto,
tus ojos mataron mi piel.
Tus labios, que nunca consigo,
hirieron mi boca de sed.
Palabras dijimos, sencillas.
Miradas de oculto furor.
Te quiero, pasan los días,
y siempre alejados los dos.
He sentido en ti el fuego
callado, por miedo a expresar.
Al separarnos, tu cuerpo
forjaba mi soledad.
jueves, 8 de abril de 2010
martes, 30 de marzo de 2010
La más Hermosa de las Mujeres
La más hermosa de las mujeres
Tiene por labios unos claveles,
Tiene dulzura, tiene cariño,
Tiene unos ojos que apuntan fijos
Al corazón.
La más hermosa, todo donaire,
Tiene guardadas trescientas llaves,
Para encerrar, en un espejo,
Todo dolor, todo lamento
Y desesperación.
La más hermosa, como un enigma,
Reparte flores con alegría,
Es tan centrada, y tan serena,
Que no te arroja su belleza
Sin compasión.
La más hermosa es tan bonita
Que si te habla, que si te mira,
Te deja alegre, también absorto,
Y así te inspira, poquito a poco,
Una canción.
Tiene por labios unos claveles,
Tiene dulzura, tiene cariño,
Tiene unos ojos que apuntan fijos
Al corazón.
La más hermosa, todo donaire,
Tiene guardadas trescientas llaves,
Para encerrar, en un espejo,
Todo dolor, todo lamento
Y desesperación.
La más hermosa, como un enigma,
Reparte flores con alegría,
Es tan centrada, y tan serena,
Que no te arroja su belleza
Sin compasión.
La más hermosa es tan bonita
Que si te habla, que si te mira,
Te deja alegre, también absorto,
Y así te inspira, poquito a poco,
Una canción.
domingo, 21 de marzo de 2010
Colores
Eres la parte del mundo que buscaba.
Las letras de la frase que nunca pronuncié.
La melodía ajena. La hoja sin árbol.
El barro que forjó la hermosura.
He sentido tantas veces la belleza
del eco en flor de tu cadera de fuego,
de la campana de tu voz tan suave,
de las pedradas contra mi voluntad.
Estoy orgulloso de haber conocido
el vuelo de manos, el ruido de letras,
el cálido viajar de tus enormes ojos,
y el silencio taconeado de tu lengua de luna.
Desordeno las letras desde que no te veo.
Mas aún sostengo en los labios el pincel
que te daría colores que nunca has soñado
si un día quisieras moldear su forma.
Las letras de la frase que nunca pronuncié.
La melodía ajena. La hoja sin árbol.
El barro que forjó la hermosura.
He sentido tantas veces la belleza
del eco en flor de tu cadera de fuego,
de la campana de tu voz tan suave,
de las pedradas contra mi voluntad.
Estoy orgulloso de haber conocido
el vuelo de manos, el ruido de letras,
el cálido viajar de tus enormes ojos,
y el silencio taconeado de tu lengua de luna.
Desordeno las letras desde que no te veo.
Mas aún sostengo en los labios el pincel
que te daría colores que nunca has soñado
si un día quisieras moldear su forma.
viernes, 5 de marzo de 2010
"Amanda". Fragmento.
Porque, aunque no nos guste, la belleza siempre triunfa, aniquila y destruye lo que tiene alrededor. Máxime si se topa con la sensibilidad.
Etiquetas:
belleza,
destrucción,
sensibilidad,
triunfo
viernes, 26 de febrero de 2010
Andrea en el Vacio. Fragmento
- Qué chiquilla tan distinta a mí- se decía-. Hemos vivido juntas tantos años y nunca he sido capaz de entenderla del todo. De lo poco que sé es que la encanta salir a bailar, que es muy nerviosa, y que tiene un corazón inmenso, capaz de dar cariño a todo el que lo necesite. Afortunado será el muchacho que sepa cómo conquistarla. Porque, por otro lado, mi Maribel es muy reservada, y no es fácil saber en que está pensando, o lo que desea. Es inquieta y muy nerviosa, tal vez sea ese su único defecto. Pero tiene una gran virtud, quizá la mayor que pueda encontrarse, y es que es muy risueña. Todo le hace reír. Así era de pequeña, y afortunadamente no ha cambiado, aun cuando motivos ha tenido para entristecerse; tantos motivos... siempre ha sabido encontrar la parte absurda a todo, y ha hallado la forma de reírse de cualquier conflicto. Me encanta su carácter, sí, ojalá pudiese ser igual a ella...
lunes, 23 de noviembre de 2009
En la Madrugada
Cierro los ojos.
Veo tus ojos negros
Como dos barcas
Mecidas ya mar adentro
Como dos nubes
Sobrevoladas por cuervos
Como dos rayos
Que se clavan en mi cuerpo.
Toco como un fantasma
Las caricias de tu pelo
Que es aroma de bosque
Impregnado de romero
Pero también campo arado
Donde se cumplen mis sueños.
Veo tu rostro
Y en sus aires me recreo
Y me acerco hacia tus labios
Que siempre siento risueños
Y les quiero interrogar
Porque sé que a través de ellos
Al fin podré conocer
La fuerza de tus sentimientos
Y justo cuando contacto
Siento un sabor etéreo
Que tengo que imaginar
Y que me quema por dentro.
Aun con los ojos cerrados
Intuyo muy bien tu cuello
Que siempre consiguió
El contacto de mis dedos
porque adoro su tacto
Tan frágil y tan perfecto.
Te veo con tanta magia
Con tanto poder en silencio
Con llaves para abrir
Puertas que ignoro que tengo
Con luces para iluminar
Mis más profundos secretos
Con dagas para cortar
En pedacitos mis sueños
Con risas para vencer
Los días de humor espeso
Con flechas para lograr
Que siga escribiendo versos
Durante mil años mil
Que eso en tiempo es eterno.
Veo tus ojos negros
Como dos barcas
Mecidas ya mar adentro
Como dos nubes
Sobrevoladas por cuervos
Como dos rayos
Que se clavan en mi cuerpo.
Toco como un fantasma
Las caricias de tu pelo
Que es aroma de bosque
Impregnado de romero
Pero también campo arado
Donde se cumplen mis sueños.
Veo tu rostro
Y en sus aires me recreo
Y me acerco hacia tus labios
Que siempre siento risueños
Y les quiero interrogar
Porque sé que a través de ellos
Al fin podré conocer
La fuerza de tus sentimientos
Y justo cuando contacto
Siento un sabor etéreo
Que tengo que imaginar
Y que me quema por dentro.
Aun con los ojos cerrados
Intuyo muy bien tu cuello
Que siempre consiguió
El contacto de mis dedos
porque adoro su tacto
Tan frágil y tan perfecto.
Te veo con tanta magia
Con tanto poder en silencio
Con llaves para abrir
Puertas que ignoro que tengo
Con luces para iluminar
Mis más profundos secretos
Con dagas para cortar
En pedacitos mis sueños
Con risas para vencer
Los días de humor espeso
Con flechas para lograr
Que siga escribiendo versos
Durante mil años mil
Que eso en tiempo es eterno.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Siete Noches
Siete noches he perdido
Por entre plazas y calles
Siete noches de vigilia
Sin lograr encontrarte
Pues estás lejos
aunque siempre presente
en mis recuerdos.
Siete noches que canté
Luchando contra mis ruinas
Siete noches con sabor
A montaña y a marisma
Siete lunas
Siete momentos de paz
¡fuera la angustia!
Siete noches embriagado
Por la mar bella y salada
Siete noches de placer,
De rumor eterno de agua
Siete instantes
Enloquecido de alegría
Y de baile.
Por entre plazas y calles
Siete noches de vigilia
Sin lograr encontrarte
Pues estás lejos
aunque siempre presente
en mis recuerdos.
Siete noches que canté
Luchando contra mis ruinas
Siete noches con sabor
A montaña y a marisma
Siete lunas
Siete momentos de paz
¡fuera la angustia!
Siete noches embriagado
Por la mar bella y salada
Siete noches de placer,
De rumor eterno de agua
Siete instantes
Enloquecido de alegría
Y de baile.
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