Me habían presentado como guionista. Yo quise protestar, me gusta más la palabra dramaturgo. Además que no escribo guiones, pero no importa. ¿Y por qué escribe? Me preguntó mi compañero de mesa. Quise responder que no lo sé, pero no es así como se logra una reputación de genio, así que busqué una respuesta más elaborada.
-Tengo una visión de la vida- dije, jugando con el pan- y me gusta verterla en el papel.
La frase fue muy celebrada, y no me importó, porque en parte es cierta. Pregunté a mi vecino de mesa a qué se dedicaba y por qué. Me respondió que era cerrajero, y que abría puertas para ganarse la vida. Era lógico, pensé, y cogí otro pedazo de pan. El cerrajero, que debía estar ahíto, prosiguió sus preguntas. ¿No le importa, dijo como si preguntara pero afirmando, el intrusismo laboral en su profesión? No, respondí por ganar tiempo y acabar con el muslo de pollo.
-En este país- gritó- todo el mundo se cree que puede escribir. Por eso se ven tantas obras mediocres.
-¿Dónde?- preguntaron desde el otro lado de la mesa.
-En el teatro.
-¿Va usted mucho al teatro?- pregunté yo, en voz baja.
-No me gusta el teatro- se sinceró el cerrajero, con una mano en el estómago. Y añadió- y además no soporto que la gente hable de lo que no conoce.
No entendí la frase, ni la mano en el estómago. La posición habitual, cuando se quiere demostrar sinceridad, es llevarla al pecho.
-¿Se encuentra bien?- pregunté con un ala entre los dedos.
-La carne me ha sentado mal.
Hablaba con pesadez. Como si todos los falsos escritores a los que se refería se le hubiesen tirado al cuello y lo estuvieran ahorcando.
-¿Quiere que llamemos a una ambulancia?
El hombre me miró con altivez.
-No es necesario.
Abrió el bolsillo del abrigo y comenzó a sacar pastillas.
-Tengo espidifent, paracetamol, omeprazol, butilhioscina, bucapina, diclofenaco, amoxicilina e ibuprofeno.
Pensé que las tomaría todas, pero se limitó a tomar un espidifent para el dolor de cabeza y un omeprazol para el del estómago.
-Es lo que mejor me funciona- dijo.
El chico que estaba sentado a su izquierda dijo que el omeprazol sirve para proteger el estómago antes del dolor, no después. El cerrajero no estaba de acuerdo. Desde el otro extremo de la mesa una chica dijo que tenía las piernas hinchadas, y recibió un ibuprofeno. El camarero, al pasar, recibió un paracetamol. Aquello parecía una farmacia.
-¿Y tú?- me dijo el cerrajero- ¿Qué tal haces las digestiones?
-Bien. Muchas gracias.
-¿No quieres nada?
-No es necesario.
-¿Ni siquiera tiene dolor de espalda? ¿O de omoplatos?
-Pero ¿duelen los omoplatos?
-A mí me han dicho que sí. Más que las amígdalas.
A partir de ese instante noté un leve cosquilleo en la espalda, a esa altura.
-Joven- preguntaron desde otra mesa- ¿tiene algo para el reúma?
-¿Y para el cansancio?- dijo una chica joven que estaba frente a mí en la mesa.
-Yo en ese caso- respondí sin que nadie me preguntara- me conformo con dormir. El cansancio se cura rápido.
Pero ya habían volado dos pastillas. La chica me miró con desprecio, y las mezcló con agua. A mí me seguían doliendo los omoplatos.
No le di importancia, y regresé a casa sin pastillas. Desde entonces, desgraciadamente, siento un dolor que no me deja vivir. Fui al médico y no me dio receta. Dijo que el dolor era psicológico, y que se me pasaría con el tiempo. No se pasa. Tan sólo me alivia frotar la espalda contra la puerta de mi habitación. Pero el dolor vuelve enseguida. Así que voy a dejar las llaves puestas en la cerradura y voy a salir, como distraído, así a la vuelta no tendré más remedio que llamar al cerrajero, para que me cure.
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martes, 15 de enero de 2013
jueves, 10 de junio de 2010
Barrías mis Sueños
Con tu falda, tan leve,
Barrías mis sueños,
Con tu falda y tu gracia,
Junto a mi cuerpo.
Con tu alegría
lograbas que te gritase
que te quería.
Luego diste a mis ojos
Color tan negro.
Ocultaste tu arte,
Quedé en silencio.
No hay quién entienda:
Querías alejarte,
Y te lamentas.
Aunque muestres tus labios
Ya no los miro,
Aunque enlaces mis pasos,
Ya no te sigo.
Porque recuerdo
Que, si busco tu sombra,
Tristeza encuentro.
Barrías mis sueños,
Con tu falda y tu gracia,
Junto a mi cuerpo.
Con tu alegría
lograbas que te gritase
que te quería.
Luego diste a mis ojos
Color tan negro.
Ocultaste tu arte,
Quedé en silencio.
No hay quién entienda:
Querías alejarte,
Y te lamentas.
Aunque muestres tus labios
Ya no los miro,
Aunque enlaces mis pasos,
Ya no te sigo.
Porque recuerdo
Que, si busco tu sombra,
Tristeza encuentro.
jueves, 13 de mayo de 2010
Dividido
Si yo pudiera ser dos personas
Uno cantaría bajo tu ventana
Con una guitarra flamenca
Canciones de amor imposibles,
Mientras que el otro, con rabia,
Maldeciría tu nombre, tu cuerpo,
Y todo aquello que me recordase
El tiempo en que te conocí.
Uno cantaría bajo tu ventana
Con una guitarra flamenca
Canciones de amor imposibles,
Mientras que el otro, con rabia,
Maldeciría tu nombre, tu cuerpo,
Y todo aquello que me recordase
El tiempo en que te conocí.
martes, 23 de febrero de 2010
Heridas Profundas.
- ¿Puede más un beso que una espada?- Pregunté, riendo.
- Sin duda- dijo- pues produce una herida más profunda.
- Pero el daño físico será menor- repliqué.
- De algunas cicatrices- añadió, guiñando un ojo-, no se sana jamás.
- Sin duda- dijo- pues produce una herida más profunda.
- Pero el daño físico será menor- repliqué.
- De algunas cicatrices- añadió, guiñando un ojo-, no se sana jamás.
jueves, 11 de febrero de 2010
En la hora Nocturna
Esta es la hora de la despedida.
Todo se ha quebrado.
Recojo con angustia
Los restos de mi pasión.
Me alejo mientras mis labios
Repiten como un acorde:
¡Y yo la quería, caray,
vaya si la quería!
Una campana golpea
La noche con su estruendo.
Ya son las doce,
Hora dulce del sueño,
De la vida oscura,
Y de la despedida.
Todo se ha quebrado.
Recojo con angustia
Los restos de mi pasión.
Me alejo mientras mis labios
Repiten como un acorde:
¡Y yo la quería, caray,
vaya si la quería!
Una campana golpea
La noche con su estruendo.
Ya son las doce,
Hora dulce del sueño,
De la vida oscura,
Y de la despedida.
jueves, 7 de enero de 2010
La Carta
Hoy, al fin, lo he comprendido:
te quiero más que a mí mismo,
más que a mis sueños perdidos,
más que a la tierra y el trigo.
Contra este amor me rebelo
porque no recibe el eco:
no es un amor verdadero
aquel que vive sin dueño.
Porque te miro y sollozo,
porque repito, cual loro,
palabras que sólo un tonto
expresa de lo más hondo.
Te siento como a ninguna,
me entrego a ti sin usura,
pero tú no tienes dudas:
tu corazón no se inmuta.
Ésta es mi carta, con pena
esperaré la respuesta.
Envíala a la taberna,
que estoy bebiendo tristeza.
te quiero más que a mí mismo,
más que a mis sueños perdidos,
más que a la tierra y el trigo.
Contra este amor me rebelo
porque no recibe el eco:
no es un amor verdadero
aquel que vive sin dueño.
Porque te miro y sollozo,
porque repito, cual loro,
palabras que sólo un tonto
expresa de lo más hondo.
Te siento como a ninguna,
me entrego a ti sin usura,
pero tú no tienes dudas:
tu corazón no se inmuta.
Ésta es mi carta, con pena
esperaré la respuesta.
Envíala a la taberna,
que estoy bebiendo tristeza.
miércoles, 6 de enero de 2010
Es Extraño
No soy rama ni arbusto
Y me voy quebrando por dentro.
No soy nube ni niebla
Pero me entrego en cascada.
No soy vela o cerilla
Y sin embargo me apago...
Y me voy quebrando por dentro.
No soy nube ni niebla
Pero me entrego en cascada.
No soy vela o cerilla
Y sin embargo me apago...
viernes, 25 de diciembre de 2009
Vals Triste
Tosió tres veces. Cerró los ojos y, sorprendido, volvió a abrirlos. Todo era un inmenso círculo a su alrededor: la mesa, los cuadros, la ventana y aquella copa borracha, que balanceaba delante de su vista. El champán subía, bajaba, se estremecía en su interior y se expandía burbujeante, feliz. El aroma subía, invisible, hasta penetrar, salvaje, por las fosas nasales de aquella mujer rubia que lo miraba sonriendo.
¿Te acuerdas?- decía ella- en una noche como esta, primera del año, comenzamos a vivir juntos ¿Te acuerdas? En un lugar como este compartimos los sueños, las miradas, las sonrisas, la luz y su obscuridad ¿Te acuerdas, eh, te acuerdas? El mundo giraba debajo de nuestros pies y nosotros reíamos y cantábamos, como habían hecho los primeros habitantes de este planeta ¿es que no te acuerdas? Éramos felices. Teníamos juventud y belleza ¿verdad? Aún lo ignorábamos todo, pero creíamos que nada nos quedaba oculto ¿te acuerdas? Conocimos el latido salvaje de nuestros corazones tras el primer beso del día, el ruido de la lluvia cayendo sobre la ciudad, la melancólica sombra del atardecer, el ritmo impetuoso de nuestros cuerpos, el miedo a la marchita soledad... ¿es que no te acuerdas? Y después te marchaste, dejándome sola, abandonada ante los ojos del mundo, al que no supe qué decir, pues ¿no eras tú mi vida entera? ¿por qué te habías alejado, en lugar de fundirte una vez más en mi cuerpo, que tanto esperaba? Aún pregunto, escucha esto, pregunto por qué te equivocaste, por qué dejaste a la persona que más te podía amar en este mundo, eh, por qué lo hiciste, eh, ¡responde! Pero no, da igual, te perdono, por eso estoy aquí, para celebrar esta noche contigo, para explicarte que nunca te he olvidado, para recordarte que, desde entonces, allá donde fuiste te seguí. Sí, te observé de lejos, pude ver cómo hacías el ridículo con todas esas mujeres a las que contabas tus ilusiones y tus frustraciones, todo a la vez, y si bien es cierto que a veces triunfabas, ninguna te dio lo que habías rechazado en mí. Porque sé que me buscaste en todas, no podía ser de otro modo. Por eso mismo me esquivas, no quieres admitir que dejé un hueco enorme, inmenso, ¡infinito! Cuando me has visto me has tratado mal, por venganza, porque no soportas mi ausencia y te angustia verme disfrutando de la vida. Y también porque quisieras lanzarte a mis brazos, pedirme perdón y rogarme que olvide lo que ocurrió y vuelva a tu lado ¡Deseabas volver a mí, y no tuviste valor de decirlo! Siempre supe que eras un cobarde, pero no importa, hoy es el día elegido, hoy volveremos a ser lo que fuimos, sin rencores ni dolor; brindemos y pasemos juntos el resto de la eternidad. Sí, juntos... esta noche es especial, ¿no te parece? Todos quieren celebrar que son un año más viejos, que la muerte acecha ¿no es así? Escucha, no... aún es pronto, pero dentro de unos minutos sonarán campanas ¡campanas! Las mismas que suenan después de la muerte, solemnes, atronadoras, afinadas por el dolor... Porque otros mueren debemos de vivir nosotros, y amarnos como nos hemos amado. Debemos, sí, debemos salir a la superficie como las burbujas de esta bebida, y fundirnos en un único ser, como antaño hicimos.
Calló y sonrió de nuevo, tenía los ojos extraviados, sumergidos en un dolor que no llegaba a comprender. Esperó sonriendo casi un minuto, y luego, furiosa, cambió la cara.
¿Qué ocurre?- dijo- ¿por qué no me abrazas? Ya te he dicho que no albergo rencor, no hay hiel en mis palabras, aunque te parezcan crueles; el amor que te ofrezco es natural, porque eres el hombre de mi vida, siempre lo he sabido. Eres... oh, el contacto de tu aliento, escucha, sólo el contacto de tu aliento me estremece, me golpea, y me hace olvidar quién soy y qué hago aquí. Acércate, coloca en mí tus manos y bésame, sí, bésame como si nada hubiera pasado, como si los meses transcurridos fuesen minutos ¡bésame, te ordeno! Aplasta tus labios en mí, y que luego llegue lo que tenga que ser, porque esta noche me siento abandonada en ti, hace tanto tiempo que aguardaba este momento que llegué a temer que nunca llegaría. Ésta es la hora, bésame fuerte. Después nos fundiremos en un gozo infinito... ¿qué ocurre? ¿Por qué no te acercas? ¿Por qué ocultas el rostro entre los brazos? ¿Por qué sollozas si hoy es el día de nuestra felicidad? No entiendo... espera ¿no oyes? ¡Escucha! Esos ruidos, esa algazara, sí, ya han sonado las campanadas, enhorabuena, mi amor, ¡ha comenzado el nuevo año!
¿Te acuerdas?- decía ella- en una noche como esta, primera del año, comenzamos a vivir juntos ¿Te acuerdas? En un lugar como este compartimos los sueños, las miradas, las sonrisas, la luz y su obscuridad ¿Te acuerdas, eh, te acuerdas? El mundo giraba debajo de nuestros pies y nosotros reíamos y cantábamos, como habían hecho los primeros habitantes de este planeta ¿es que no te acuerdas? Éramos felices. Teníamos juventud y belleza ¿verdad? Aún lo ignorábamos todo, pero creíamos que nada nos quedaba oculto ¿te acuerdas? Conocimos el latido salvaje de nuestros corazones tras el primer beso del día, el ruido de la lluvia cayendo sobre la ciudad, la melancólica sombra del atardecer, el ritmo impetuoso de nuestros cuerpos, el miedo a la marchita soledad... ¿es que no te acuerdas? Y después te marchaste, dejándome sola, abandonada ante los ojos del mundo, al que no supe qué decir, pues ¿no eras tú mi vida entera? ¿por qué te habías alejado, en lugar de fundirte una vez más en mi cuerpo, que tanto esperaba? Aún pregunto, escucha esto, pregunto por qué te equivocaste, por qué dejaste a la persona que más te podía amar en este mundo, eh, por qué lo hiciste, eh, ¡responde! Pero no, da igual, te perdono, por eso estoy aquí, para celebrar esta noche contigo, para explicarte que nunca te he olvidado, para recordarte que, desde entonces, allá donde fuiste te seguí. Sí, te observé de lejos, pude ver cómo hacías el ridículo con todas esas mujeres a las que contabas tus ilusiones y tus frustraciones, todo a la vez, y si bien es cierto que a veces triunfabas, ninguna te dio lo que habías rechazado en mí. Porque sé que me buscaste en todas, no podía ser de otro modo. Por eso mismo me esquivas, no quieres admitir que dejé un hueco enorme, inmenso, ¡infinito! Cuando me has visto me has tratado mal, por venganza, porque no soportas mi ausencia y te angustia verme disfrutando de la vida. Y también porque quisieras lanzarte a mis brazos, pedirme perdón y rogarme que olvide lo que ocurrió y vuelva a tu lado ¡Deseabas volver a mí, y no tuviste valor de decirlo! Siempre supe que eras un cobarde, pero no importa, hoy es el día elegido, hoy volveremos a ser lo que fuimos, sin rencores ni dolor; brindemos y pasemos juntos el resto de la eternidad. Sí, juntos... esta noche es especial, ¿no te parece? Todos quieren celebrar que son un año más viejos, que la muerte acecha ¿no es así? Escucha, no... aún es pronto, pero dentro de unos minutos sonarán campanas ¡campanas! Las mismas que suenan después de la muerte, solemnes, atronadoras, afinadas por el dolor... Porque otros mueren debemos de vivir nosotros, y amarnos como nos hemos amado. Debemos, sí, debemos salir a la superficie como las burbujas de esta bebida, y fundirnos en un único ser, como antaño hicimos.
Calló y sonrió de nuevo, tenía los ojos extraviados, sumergidos en un dolor que no llegaba a comprender. Esperó sonriendo casi un minuto, y luego, furiosa, cambió la cara.
¿Qué ocurre?- dijo- ¿por qué no me abrazas? Ya te he dicho que no albergo rencor, no hay hiel en mis palabras, aunque te parezcan crueles; el amor que te ofrezco es natural, porque eres el hombre de mi vida, siempre lo he sabido. Eres... oh, el contacto de tu aliento, escucha, sólo el contacto de tu aliento me estremece, me golpea, y me hace olvidar quién soy y qué hago aquí. Acércate, coloca en mí tus manos y bésame, sí, bésame como si nada hubiera pasado, como si los meses transcurridos fuesen minutos ¡bésame, te ordeno! Aplasta tus labios en mí, y que luego llegue lo que tenga que ser, porque esta noche me siento abandonada en ti, hace tanto tiempo que aguardaba este momento que llegué a temer que nunca llegaría. Ésta es la hora, bésame fuerte. Después nos fundiremos en un gozo infinito... ¿qué ocurre? ¿Por qué no te acercas? ¿Por qué ocultas el rostro entre los brazos? ¿Por qué sollozas si hoy es el día de nuestra felicidad? No entiendo... espera ¿no oyes? ¡Escucha! Esos ruidos, esa algazara, sí, ya han sonado las campanadas, enhorabuena, mi amor, ¡ha comenzado el nuevo año!
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jueves, 29 de octubre de 2009
Para Comenzar, un Soneto
“¿Quién eres tú, hombre solitario?
¿Por qué me estás mirando con desprecio?”
“¡Ay, Moisés, mira que eres necio!
Quién voy a ser sino tu contrario.
Soy tu ser opuesto, tu adversario,
Lo que tú aborreces yo lo aprecio,
Cuando eres débil yo soy recio,
Y permisivo si tú autoritario.
Ahora que ya me conoces, escucha
He venido con ansia de lucha,
Para apalearte, sin más verborrea ”.
Mi cobardía le producía euforia
Así que mi única escapatoria
Era desear con fuerza la pelea.
¿Por qué me estás mirando con desprecio?”
“¡Ay, Moisés, mira que eres necio!
Quién voy a ser sino tu contrario.
Soy tu ser opuesto, tu adversario,
Lo que tú aborreces yo lo aprecio,
Cuando eres débil yo soy recio,
Y permisivo si tú autoritario.
Ahora que ya me conoces, escucha
He venido con ansia de lucha,
Para apalearte, sin más verborrea ”.
Mi cobardía le producía euforia
Así que mi única escapatoria
Era desear con fuerza la pelea.
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