Una habitación oscura. Es de noche. Eusebio coloca los pantalones sobre una silla. Se escucha el ruido de la puerta. Entra alguien.
EUSEBIO.- ¿Quién es usted? ¿Cómo ha llegado hasta aquí?
LADRÓN.- La llave estaba en la puerta. No tuve más que girar.
EUSEBIO.- Sí, eso es cierto. A veces me ocurre. Pero aún no me ha dicho quién es.
LADRÓN.- Un vecino, no tiene que alarmarse.
EUSEBIO.- ¿Un vecino? ¿Se cree que no he leído las líneas de arriba? Usted es un ladrón.
LADRÓN.- Claro, claro. Vengo a llevarme todo lo que tenga.
Eusebio señala el cuarto.
EUSEBIO.- Por mí puede llevarse lo que quiera. Bienes no poseo...
LADRÓN.- ¿No tiene joyas? ¿Y relojes de oro? Supongo que tampoco tendrá dinero...
EUSEBIO.- Si tuviera algo de eso ya lo habría vendido para irme a otra parte. ¿Pero usted se ha fijado qué casa ha elegido para robar?
LADRÓN.- Es mi primer robo. Elegí este barrio porque es sencillo: aquí la policía no patrulla.
EUSEBIO.- Porque no hay dinero.
LADRÓN.- Algo podré llevarme. Esos pantalones, por ejemplo.
EUSEBIO.- Lo lamento, pero son mi uniforme de trabajo.
El ladrón cierra los puños con rabia.
LADRÓN.- ¡Pues yo no me voy de aquí sin llevarme nada!
EUSEBIO.- Ahora que lo pienso, el vecino del bajo tiene una lavadora automática. Si quiere le ayudo, y así nos llevamos la trompeta de su hijo.
LADRÓN.- ¿Le gusta la música?
EUSEBIO.- ¿A mí? No. Pero al niño tampoco.
Bajan por una escalera desconchada, y llegan al bajo. El timbre cae al suelo según lo pulsan. De fondo se escucha un “do” lastimoso, casi cruel, de trompeta.
EUSEBIO.- (en voz baja, al ladrón) Y esto sin pulsar un solo pistón, imagine cuando intenta hacer escalas.
Se abre la puerta. Sale un vecino refunfuñando.
VECINO.- Otra vez el timbre.
Lo levanta y lo pone en su sitio.
VECINO.- Usted es vecino, ¿no?- Eusebio asiente- ¿y qué quería?
EUSEBIO.- Será mejor que pasemos.
Entran en la casa. Sobre el sofá, brillante, la trompeta, con todo incluido: los tres pistones y el sonido desagradable en su interior. El vecino espera a que hablen los visitantes.
LADRÓN.- Buenos días. ¡Qué hermoso día hace, eh! Pero qué bello, qué agradable, qué lúcido, qué...
VECINO.- ¿Qué quiere?
EUSEBIO.- Que necesito una lavadora automática, y he venido a robarle la suya.
VECINO.- ¡Valiente imbécil! Ni hablar.
LADRÓN.- Ya te dije que no querría.
EUSEBIO.- Insiste...
LADRÓN.- Me la voy a llevar, aunque sea a plazos.
VECINO.- ¡Idiota!
LADRÓN.- ¿Cómo?
VECINO.- Que es usted un idiota, un zascandil.
LADRÓN.- Como siga... me va a faltar al respeto.
VECINO.- Salgan de mi casa.
LADRÓN.- Yo sólo salgo de aquí con la lavadora.
EUSEBIO.- Y dígale a su hijo que deje de asfixiar la trompeta.
VECINO.- ¿Hijo? Yo no tengo hijos. La trompeta la toco yo. Y si no le gusta se va a vivir a otra parte.
El ladrón decide actuar.
LADRÓN.- Voy a coger la lavadora.
Ninguno de los dos le escucha.
EUSEBIO.- ¡Ya está bien con la trompeta!
Se abalanza sobre ella, y la sujeta a la vez que su dueño.
LADRÓN.- ¿Alguien me dice cómo se saca el enchufe?
El ladrón arrastra la lavadora por el comedor, mientras los dos vecinos tiran del instrumento. Sale a la calle. Mete la lavadora en la furgoneta. Cuando arranca, la trompeta cae desde una ventana y le golpea en la cabeza, dejándole inconsciente.
martes, 1 de febrero de 2011
miércoles, 26 de enero de 2011
Desde sus Ojos. Soneto.
El mundo brillando desde sus ojos
Hasta la cuenca de sus ojos, mira
Buscando soluciones al enigma
Que aparte las cenizas de su rostro.
Lleva en su rabia colores sonoros,
Medita, ruge, y mastica saliva.
Mientras la muerte, en él, recobra vida
Encuentra belleza hasta en lo hosco.
Humilde y recio, como un campesino;
Salvaje en su mirar, ya derrumbado;
Los brazos aún quisieran ser el viento.
Morir fue voluntad, nunca es lo mismo
Caer por convicción que por cansancio;
Dejando que la voz replique en eco.
Hasta la cuenca de sus ojos, mira
Buscando soluciones al enigma
Que aparte las cenizas de su rostro.
Lleva en su rabia colores sonoros,
Medita, ruge, y mastica saliva.
Mientras la muerte, en él, recobra vida
Encuentra belleza hasta en lo hosco.
Humilde y recio, como un campesino;
Salvaje en su mirar, ya derrumbado;
Los brazos aún quisieran ser el viento.
Morir fue voluntad, nunca es lo mismo
Caer por convicción que por cansancio;
Dejando que la voz replique en eco.
martes, 11 de enero de 2011
Un Tronco
Un tronco quebrado, podrido, hueco.
Refugio de la noche.
Llueven contra su carne
Gotas azules de odio,
Pedradas finas, ramadas de ausencia,
Hojas secas, pequeñas,
Con filo para serrar la corona.
Un caldo en la base se enciende, bulle,
Y arranca la semilla
Que se aferra, orgullosa, a las paredes.
Como un magma constante
Condensa, forma, sangra,
Derrota con furia las resistencias,
Para dejar la rabia.
Y la corteza
Con ansia de luz busca el cielo.
La rama, sola, crece hacia los rayos
Mientras que la raíz
Se alarga, cruje y quiebra,
Hasta que, ya vencida,
Separada, ciega, asume el color
Del fuego en la resina.
Refugio de la noche.
Llueven contra su carne
Gotas azules de odio,
Pedradas finas, ramadas de ausencia,
Hojas secas, pequeñas,
Con filo para serrar la corona.
Un caldo en la base se enciende, bulle,
Y arranca la semilla
Que se aferra, orgullosa, a las paredes.
Como un magma constante
Condensa, forma, sangra,
Derrota con furia las resistencias,
Para dejar la rabia.
Y la corteza
Con ansia de luz busca el cielo.
La rama, sola, crece hacia los rayos
Mientras que la raíz
Se alarga, cruje y quiebra,
Hasta que, ya vencida,
Separada, ciega, asume el color
Del fuego en la resina.
martes, 4 de enero de 2011
Matrimonio. Soneto
Yo, que soy arisco, huraño, aburrido
Que soy cabezón, que arrugo la ceja
Me dejaré amar, serás mi pareja
Fingiré ser como me has conocido.
Yo, que soy cansada, nada he pedido,
Soy gruñidora, experta en la queja,
Hermosa alterada, cuando sea vieja
De juntarnos te habrás arrepentido.
Démonos la mano, sea el acto,
Finjamos que somos muy distintos
De lo que ha sido nuestra existencia.
Prometámonos no romper el pacto
Que ahora sellamos bajo los instintos
De reproducción y supervivencia.
Que soy cabezón, que arrugo la ceja
Me dejaré amar, serás mi pareja
Fingiré ser como me has conocido.
Yo, que soy cansada, nada he pedido,
Soy gruñidora, experta en la queja,
Hermosa alterada, cuando sea vieja
De juntarnos te habrás arrepentido.
Démonos la mano, sea el acto,
Finjamos que somos muy distintos
De lo que ha sido nuestra existencia.
Prometámonos no romper el pacto
Que ahora sellamos bajo los instintos
De reproducción y supervivencia.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Dos Años de Libertad. Agradecimiento.
Aquella tarde las piedras rompían el cielo.
El mundo, oscuro, giraba a mi alrededor.
El barro conquistaba las murallas.
El viento ululaba con un ritmo fúnebre.
Tenebrosa era ya la noche en estos ojos
Que, aletargados, no deseaban despertar.
Crujían fantasmales llaves en las cancelas.
Los charcos dejaban un goteo desolado.
Ya me alejaba del mundo, sí, me aplastaba.
Caía sin fuerzas, quebrado, sin rabia, ni lucha.
Entre tanta bruma y aquella sordidez
Un luz cariñosa me entregó a la vida.
El mundo, oscuro, giraba a mi alrededor.
El barro conquistaba las murallas.
El viento ululaba con un ritmo fúnebre.
Tenebrosa era ya la noche en estos ojos
Que, aletargados, no deseaban despertar.
Crujían fantasmales llaves en las cancelas.
Los charcos dejaban un goteo desolado.
Ya me alejaba del mundo, sí, me aplastaba.
Caía sin fuerzas, quebrado, sin rabia, ni lucha.
Entre tanta bruma y aquella sordidez
Un luz cariñosa me entregó a la vida.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Aterrizaje. Microrrelato
Entonces- explicó a su compañero de asiento, que había despertado- una explosión extraña... Desde aquí arriba se vio en detalle: un agujero enorme se tragó su envoltorio y la Tierra desapareció, no dejando más que algunos fragmentos de roca. Y nosotros, aquí, en el aire, dando vueltas mientras quede combustible, pensando qué hemos de hacer, porque este avión- añadió- ya no puede aterrizar en ninguna parte.
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lunes, 13 de diciembre de 2010
Conmigo.
Que va, que va,
Que va conmigo,
Por los callejones
Y por los caminos
Agarrada al aire,
Entre el sol y el silo,
Siempre cavilando,
Siempre entre suspiros,
Siempre entre las nubes
Siempre entre sus hilos.
Que va, ya va,
Siempre conmigo
Junto a la maleza,
Oculta sin motivo,
entre hojas de loto
y ramos de espinos.
Con la savia vieja
Y el tiempo amarillo,
Con flores azules
Pero no son lirios,
Son gotas de ausencia,
No sueños de niño.
¿Marchó? ¿se pierde?
¿Elige otro camino?
Observa, que torna,
Ya vuelve conmigo,
Cree que la esperaba,
Que la necesito,
Y regresa al aire
Entre el sol y el silo.
Que va conmigo,
Por los callejones
Y por los caminos
Agarrada al aire,
Entre el sol y el silo,
Siempre cavilando,
Siempre entre suspiros,
Siempre entre las nubes
Siempre entre sus hilos.
Que va, ya va,
Siempre conmigo
Junto a la maleza,
Oculta sin motivo,
entre hojas de loto
y ramos de espinos.
Con la savia vieja
Y el tiempo amarillo,
Con flores azules
Pero no son lirios,
Son gotas de ausencia,
No sueños de niño.
¿Marchó? ¿se pierde?
¿Elige otro camino?
Observa, que torna,
Ya vuelve conmigo,
Cree que la esperaba,
Que la necesito,
Y regresa al aire
Entre el sol y el silo.
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